Así son los colegios en los que no hay prisa

León tiene tres de las escuelas más pequeñas de España. Cada una tiene tres alumnos y un ritmo muy distinto al de los centros de la ciudad. Son, además, un tesoro para la supervivencia del mundo rural.

Carreteras en lugar de pasillos

Los colegios rurales agrupados están formados por varias escuelas que se ubican en diferentes pueblos. A unas y otras, en lugar de pasillos, las separan carreteras. Aunque suelen ser centros pequeños y distantes entre sí, organizan actividades comunes que mantienen unidos a los pequeños. Además de las extraescolares con las que cuenta cualquier colegio, ofrecen planes de animación a la lectura o proyectos para cultivar huertos, en cuyas tareas de mantenimiento participan tanto alumnos como padres, que después también comparten los frutos obtenidos en la cosecha.

Y es que un pueblo sin cole es un lugar moribundo. Lo saben bien quienes viven en el medio rural y por eso lo quieren y lo cuidan. Aunque su gestión corresponde a la Junta de Castilla y León, las instalaciones son municipales y los consistorios, por lo general, arriman el hombro todo lo que pueden.

En estos colegios no hay pasillos, sino carreteras que separan las mismas escuelas que forman un sólo CRA. Es algo parecido en el fondo, pero muy distinto en la forma. Las clases particulares que muchos padres pagan para reforzar la educación de sus hijos son aquí algo cotidiano. El tiempo no escasea y permite alargar los recreos en una era enorme para correr, aprovechar la naturaleza si el tiempo lo permite o buscar alguna curiosidad en Internet. Porque la tecnología tampoco escasea. Al ser tres, disponen de un ordenador cada uno y de pizarra digital, wifi y de todo lo que tiene una escuela urbana.

CRA Santa Bárbara

Llegar a la escuela de La Granja de San Vicente es un paseo sobre un sendero de hojas amarillas. Aquí no hay pasos de cebra ni semáforos y en llegar a clase no se tarda más de diez minutos andando desde casa a paso sosegado. Son tres los alumnos de este centro y ellos son el motivo de que siga abierto. Tienen once, nueve y ocho años y tienen a su disposición a Mónica, su tutora, para explicarles la lección las veces que haga falta. Entrar en clase se hace sin prisas y cada uno trabaja a su ritmo y en función de sus necesidades.

«Todo es muy flexible y la jornada se desarrolla teniendo en cuenta cómo están los niños», explica la maestra. Ella se adapta al ritmo de aprendizaje, pues al estar en cursos diferentes las necesidades también son distintas.

Mientras uno repasa en alto la tabla de multiplicar, otro traza las letras o encaja las piezas de un puzzle. La más pequeña ya se sabe la tabla de multiplicar a base de oírsela a su compañero mayor. Eso si, procura agrupar temas que impliquen a los tres para que todo sea más ameno.

Mónica, además de tutora, es la especialista en música del Colegio Rural Agrupado (CRA) al que pertenece la escuela de La Granja de San Vicente y que cuenta con 9 profesores y 35 niños en total. Es el CRA Santa Bárbara de Torre del Bierzo y abarca las localidades de Torre, Santa Marina de Torre, La Granja de San Vicente, San Andrés de las Puentes y Brañuelas.

Esta última también sabe lo que es estar al borde del cierre. Una normativa de la Junta de Castilla y León de este mismo año cambió la ley y estableció que las escuelas pudiesen permanecer abiertas con tres alumnos, en lugar de los cuatro que eran necesarios hasta entonces. Esa fue la lotería que le tocó a estos colegios, los más pequeños de España. El de Brañuelas, por ejemplo, acaba de ser reabierto con seis niños después de quince años con el cierre echado.

Maestros integrales

«En lo único en lo que nos quedamos un poco cojos es el aspecto de la sociabilidad. El poder relacionarse con otros niños en el parque o poder ir al cine», explica Mónica. Al igual que muchos profesores de pueblos, su labor es casi la de una maestra integral.

Durante un rato, explica una lección de mates y pasa a continuación a dar una clase de música o a ejercer de psicopedagoga. El trabajo aquí es global, tanto de los profesores que integran el CRA como de los padres de los pequeños, muy implicados en el colegio.

CRA de Quilós

Lo mismo ocurre en la escuela de Canedo. En una casita a los pies del conocido palacio del pueblo se ubica la escuela, que forma parte del CRA de Quilós que, a su vez, conforman seis escuelas, 75 niños y 18 profesores Éste CRA depende de tres municipios: Cacabelos, Arganza y Camponaraya. «Los tres ayuntamientos están súper implicados en que esto salga adelante», asegura la directora, Sonsoles. Ella es consciente del enorme esfuerzo económico que tiene que hacer la administración para que estos centros sigan abiertos. «No es rentable a corto plazo, pero es lo que mantiene el mundo rural. Estas escuelas, además, representan todo lo que la administración plasma en papel sobre el ideal educativo», asevera.

Segundo de Infantil, primero y quinto de Primaria son los cursos de los tres alumnos en este rincón del Bierzo. Bea, la profesora, asegura que, ahora que conoce la escuela rural, no la cambia por la de ciudad. «Cuando llegué aquí, fueron los propios niños los que me enseñaron cómo funcionaba esto», explica. «¿Lo mejor? El intercambio que hay entre grandes y pequeños. Los primeros aprenden de los otros y tiran mucho para arriba, mientras que los mayores cuidan de ellos y trabajan autoestima». Para Bea y Sonsoles, los niños de las escuelas rurales salen, a nivel académico, por lo menos, igual de preparados que los de centros más grandes, pero a nivel personal, mejor. El año que viene necesitan una nueva matrícula para seguir abiertos porque uno de los tres alumnos comienza la Secundaria y tiene que dejar la escuela.

Bea y Sonsoles, profesora y directora, respectivamente, de la escuela de Canedo. L de la Mata

Bea y Sonsoles, profesora y directora, respectivamente, de la escuela de Canedo. L de la Mata

 CRA Valle del Duerna (Destriana)

No pasa lo mismo en Miñambres de la Valduerna, que acoge el tercer colegio de la provincia con tres alumnos. Para el próximo curso, según el censo, habrá algún niño más.

En este centro del CRA Valle del Duerna el año pasado había cuatro pequeños, pero la marcha de uno de ellos lo abocaba al cierre. La nueva normativa de la Junta lo salvó. «Aquí todo es muy familiar y la enseñanza es personalizada.

Tenemos cinco horas a repartir entre los tres alumnos y estamos trabajando a piñón», explica Noemí, la tutora. Ella, sin embargo, opina que la sociabilidad no es un problema. «La asignatura de Educación Física es complicada porque no se pueden hacer equipos, por ejemplo, pero en su lugar, optamos por juegos tradicionales», apunta.

Los tres alumnos de la escuela de Miñambres atienden unas explicaciones del director. Marciano

Los tres alumnos de la escuela de Miñambres atienden unas explicaciones del director. Marciano

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