Educación social, la profesión fantasma

  • La figura necesaria para mediar en conflictos como el buylling en los centros escolares es la del educador social.
  • Se prefiere optar por poner «parches», encargando a un profesorado demasiado saturado que no disponen de los conocimientos de mediación y las estrategias de afrontamiento necesarias.

¿Qué le parecería a usted si un día cuando acudiera a su médico de cabecera para que le diera un diagnóstico sobre una determinada sintomática, apareciera en su lugar un enfermero para realizar dicha labor? Y, ¿si acudiera a un psicólogo y se encontrara con un farmacéutico?

Estoy seguro que en ambos casos le parecería una anécdota cuanto menos atípica, a pesar de que pudieran tener algunas nociones de cómo llevar dichas situaciones. Los puestos y categorías profesionales están para respetarse ya que son el principio vertebrador de los distintos tipos de formación existentes en nuestro país. Pues bien, os voy a contar dos ejemplos claros que representan verazmente la situación actual que sufrimos los educadores sociales leoneses, una vez terminado nuestro grado en la Universidad de León, para que valoréis las condiciones en las que nos encontramos, desempeñando esta profesión tan bonita y vocacional de ayuda a las personas y que, en la mayoría de ocasiones, no cuenta con una oferta laboral bien definida ni el reconocimiento merecido por los distintos entes públicos.

En primer lugar, vamos a fijarnos en las residencias de ancianos de nuestra provincia, ya que me toca personalmente por llevar ejerciendo esta profesión largo tiempo.

En las residencias de ancianos de nuestra provincia, y de nuestra Comunidad autónoma, trabajamos como animadores socioculturales dos categorías por debajo de nuestra formación, percibiendo el sueldo mínimo interprofesional y siendo los peor pagados dentro de toda la plantilla de los centros residenciales. Es cuánto menos curioso que la nueva Ley de Dependencia (Lapad) abogue por una atención individualizada, pero la fundamentación de nuestro puesto siga basada en una legislación arcaica que obviamente los centros van a respetar para pagar menos a sus trabajadores, maximizando sus beneficios . Nuestra labor en las residencias va mucho más allá de la dinamización de grupos. Nos implicamos con las familias, con los ancianos, mediamos en sus conflictos y en su vida diaria, buscamos la mejora de su autoestima a través de distintos medios, realizamos actividades educativas, sociales, culturales, tecnológicas…; valoramos y escuchamos sus necesidades, impartimos charlas sobre envejecimiento… y un sinfín más de tareas que van implícitas en el ADN de nuestra profesión. El cuidado de nuestros mayores es una de las cosas más importantes que pueden existir hoy en día tal y cómo ha evolucionado la sociedad y, sin embargo, esta es la pésima situación de todos los educadores que nos encontramos trabajando en estos puestos.

Otro ejemplo llamativo es el ámbito escolar:

¿Cuántas noticias vemos últimamente de agresiones entre alumnos, al propio profesorado o casos de buylling? Desde las políticas públicas no se ha intentado poner remedio a esta situación ya que la figura necesaria para mediar en estos conflictos en los centros escolares es la del educador social. En lugar de buscar la solución definitiva se prefiere optar por poner «parches» a estas situaciones, encargando a un profesorado demasiado saturado o a jefes de estudios/orientadores laborales la solución del conflicto, que será inadecuada ya que no disponen de los conocimientos de mediación y las estrategias de afrontamiento necesarias. Su solución será mandar a agresor y agredido a casa a reflexionar y en un par de semanas la situación volverá a ser igual de insostenible que al principio.

Por todo ello, solamente pedimos el reconocimiento que merecemos, que se visibilice nuestra profesión tan necesaria para mejorar la atención, el cuidado y la calidad de vida, de distintos segmentos poblacionales susceptibles de sufrir riesgo de exclusión social. Necesitamos toda vuestra ayuda para cambiar estas situaciones a través de un cambio legislativo que nos ampare y que, de una vez por todas, se reconozca y se haga visible esta profesión nuestra tan necesaria, bonita y gratificante. Muchas gracias.

Espacio de Opinión

César Mendoza Ordás educador social

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