El día que hicimos la calle

Hicimos la calle, sí…  nuestro sitio estaba en la calle y en la huelga. El 8-M hizo historia, como el No a la guerra, en 2004, y el 15-M siete años después.

Uno echó a Aznar del Gobierno y el otro al PSOE. Ahora el movimiento feminista ha sorprendido a los sindicatos mayoritarios, que no se creyeron la huelga y convocaron dos horas de paro con la boca pequeña. Y ha despertado a Rajoy de la larga siesta de sus monólogos. Ahora quiere sacar pecho con la igualdad. Como el ‘femilisto’ Rivera, a sabiendas de que puede heredar el imperio del PP.

A mi amiga Sara, que fue una combativa luchadora contra las barreras arquitectónicas que le impedían moverse por León a su aire, en silla de ruedas, le hacía mucha gracia el palabrario de nuestro oficio

A Sara le entusiasmaba esa expresión, tan corriente en el mundo periodístico, de «cubrir noticias». A mi amiga Sara, mujer simpática y con una capacidad inmensa para reírse de si misma desde la silla de ruedas, le sonaba lo de cubrir a la placentera vida animal más que al oficio de informar. Igual le podía pasar a mi padre, que era pastor de ovejas y llevaba la cuenta de las que ‘cubría’ el carnero.

Sara también nos tomaba el pelo con lo de hacer la calle, que, siendo lo más digno de esta profesión, estar en contacto con la ‘realidad real’, es lo menos habitual en el nuevo periodismo del siglo XXI. La calle, se decía antaño, la hacían las putas en busca de clientes. Y de ahí el símil con periodistas y policías. Ahora sabemos que son los puteros quienes las buscan y alimentan el mercado del tráfico humano y la explotación sexual.

El 8M las periodistas hicimos la calle. Nos sumamos a la gran marea violeta que nadie se creía que iba a teñir las ciudades en el día más reivindicativo en muchos años. Desde nuestros pequeños rincones, dimos un impulso al movimiento feminista, con tres siglos de historia a sus espaldas y cuya lucha encabezan desde hace años en León las mismas caras y las mismas férreas voluntades de no ceder ante los abusos del patriarcado.

No estamos de moda, como me decía una amiga. Sólo tomamos conciencia, un trozo de calle (y después unas cañas). E hicimos la calle con ellas, las pioneras. Y con ellos, los que también se sumaron a la marcha histórica.

«Queremos pan, pero también rosas», gritaban en 1912 las obreras estadounidenses que pusieron música al poema de James Oppenheim para marchar por las calles: «Mientras vamos marchando, marchando, luchamos también por los hombres». Que no se olvide. Ni tampoco la estrofa siguiente: «Mientras vamos marchando, marchando, innumerables mujeres muertas /Van gritando a través de nuestro canto su antiguo reclamo de pan».

Tirando del hilo de las abuelas y bisabuelas, las que nos precedieron en la lucha, recordamos que hace 100 años las sufragistas británicas consiguieron el voto para las mujeres. Ellas también nos trajeron hasta aquí. Hasta la calle de hoy.

Hicimos la calle, sí. Como cuando Carmen de Burgos, Colombine, pionera del periodismo interactivo (llegó a hacer una encuesta sobre el divorcio en 1905 entre sus lectores), corresponsal de guerra y prolífica escritora, mujer libre y olvidada como tantas, encabezó la primera marcha en España para exigir el sufragio femenino en 1921.

Claro que nos hubiera gustado ‘cubrir’ la noticia. Nos moríamos de ganas. Pero nuestro sitio estaba en la calle y en la huelga. Ese día nuestros compañeros eran imprescindibles para dar voz al 8-M. Y lo hicieron. Ellos también hicieron la calle para que el grito no se apagara en la calle. Poco más había que contar ese día.

El 8-M hizo historia, como el No a la guerra, en 2004, y el 15-M siete años después. Uno echó a Aznar del Gobierno y el otro al PSOE. Ahora el movimiento feminista ha sorprendido a los sindicatos mayoritarios, que no se creyeron la huelga y convocaron dos horas de paro con la boca pequeña. Y ha despertado a Rajoy de la larga siesta de sus monólogos. Ahora quiere sacar pecho con la igualdad. Como el ‘femilisto’ Rivera, a sabiendas de que puede heredar el imperio del PP.

España es un referente en el mundo del 8-M. La fuerza del movimiento feminista con los problemas que más preocupan a la sociedad y que están en la agenda feminista: la precariedad, el paro, la conciliación, la pobreza, las pensiones, el calentamiento del planeta, la movilidad de las personas, la libertad.

El día que hicimos la calle, Sara hubiera marchado con nosotras y nos habría alentado desde su silla de ruedas. También haría la calle.

Manifestación por la igualdad del 8M día mundial de la mujer /

Ana Gaitero. Periodista

Ana Gaitero. Periodista

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