El Reto de las Aulas Inclusivas

Los expertos abogan por la participación de las familias, nuevos espacios de recreo, flexibilidad en el aula, metodologías activas y cumplir la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad .

El reto de las aulas inclusivas es el gran desafío de la escuela del siglo XXI. Si se cumplen las convenciones internacionales se erradicarán los colegios de educación especial y en la escuela se priorizarán las capacidades de cada persona. Así lo aseguran los expertos y expertas que participan el próximo sábado en León en las jornadas organizadas por la asociación Todos Sumamos-Creando Inclusión.

Tras el diagnóstico de insuficiente a la atención que se da actualmente a las personas con necesidades educativas especiales en las aulas leonesas en particular y de la Comunidad en general, este colectivo recién nacido en León se ha puesto manos a la obra para aportar soluciones.

«Queremos empezar a construir la escuela del siglo XXI, una escuela inclusiva donde haya cabida para todos los niños y las niñas sin importar sus dificultades», señala la presidenta de la asociación, María del Carmen Álvarez.

Más de 120 personas participarán en esta jornada que se celebra en el Aula Magna de la Facultad de Educación de la Universidad de León. El interés que ha despertado entre profesionales y estudiantes es un aliciente para las madres y padres que han puesto en marcha Todos Sumamos-Creando Inclusión desde León con capacidad para actuar en toda la Comunidad, dado su ámbito autonómico.

Entre los ponentes participan expertos y expertas que son referencia en el ámbito como la orientadora y psicóloga Coral Elizondo y el profesor titular de la Universidad Autónoma de Madrid en Psicología, Gerardo Echeita.

También cuenta con referentes de la orientación educativa y la experiencia en el aula a escala provincial como son el psicólogo Miguel Ángel González Castañón y la experta en audición y lenguaje Marta Díaz. Los talleres prácticos y la mesa con representantes de la política provincial, autonómica y nacional en la que pretenden arrancar compromisos concretos completan esta jornada a favor de la inclusión educativa.

Hoy por hoy la carencia de medios humanos es «insuficiente» para atender a la diversidad funcional y en particular a las personas con discapacidad, a tenor de la encuesta que la asociación Todos Sumamos-Crenado Inclusión realizó entre profesionales del sector y padres y madres.

Pero no sólo se trata de dotar con más recursos a los centros, apostilla Coral Elizondo, orientadora y psicóloga del Centro Aragonés de Recursos de Educación Inclusiva. Hay que cambiar las fibras más profundas de la cultura escolar. Desde los planes pedagógicos de centro hasta el uso de los espacios y la gestión del aula.

Las metodologías activas y la participación de las familias y de la comunidad en el aula son otras de las soluciones que aporta Elizondo y que mostrará en la práctica en los talleres que ofrecerá el sábado en León.

Gerardo Echeita señala que es necesario que desde la administración educativa se «hagan menos declaraciones y más acciones para la escuela inclusiva», puesto que se trata de un derecho reconocido en la LOE y en la Lomce y respaldado por la Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad.

El psicólogo leonés Miguel Ángel Castañón, también orientador, señala que escuela inclusiva y los aprendizajes personalizados son el reto de la educación del siglo XXI. Por ahora, «sólo se ponen parches».

«Todos los niños y niñas son iguales y todos son diferentes», apostilla la asociación surgida en León por las inquietudes de madres y padres que han visto en la unión un camino para cambiar la escuela actual hacia la «escuela verdaderamente inclusiva», como apunta Gemma Fradejas.

Quieren una escuela que «se adapte a todos los alumnos y alumnas y se prioricen sus capacidades». La razón es muy simple: «La inclusión es un derecho de todas las personas».

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Ruben

La sombra de Rubén es alargada

El caso de Rubén, el niño con síndrome de Down al que su padre y su madre se negaron a escolarizar en un centro de educación especial y llegaron a ser juzgados acusados por el fiscal de menores de un delito de abandono de familia tiene un hueco en la jornada como referente de lucha.

Alejandro Calleja y Lucía Loma fueron absueltos por el juzgado después de dos años. Rubén nunca fue a un centro especial, pero tampoco tuvo la oportunidad de proseguir sus estudios en un colegio ordinario como había hecho desde la etapa infantil. Rubén está haciendo un módulo de auxiliar administrativo en Amidown. «Queremos que la inclusión sea un derecho real y efectivo; por ese seguimos», dice su padre, Alejandro. El sábado recordará que «los políticos y las administraciones están obligados a cumplir la ley pues la educación es un derecho fundamental de todos sin excepciones, tal y como lo contemplan los tratados internacionales ratificados por España».

«Las etiquetas hacen un daño terrorífico en la escuela»

Miguel Ángel González Castañón es una de las personas, y profesionales, que mejor conoce el caso de Rubén, el niño con síndrome de Down al que su padre y su madre se negaron a escolarizar en un centro de educación especial. Ha vivido a su lado la larga batalla por la inclusión educativa. Para este psicólogo y orientador del colegio La Asunción, las etiquetas derivadas de las clasificaciones médicas «han hecho un daño terrorífico en el aula». «Las etiquetas lastran el aprendizaje y hacen que el sujeto adquiera el rol de enfermo», añade.

En la jornada ‘Creando la escuela del siglo XXI’ del sábado realizará un homenaje a Daniel Everett para demostrar que la cultura es determinante del comportamiento humano en un momento en que se vuelve a poner el foco en el ambientalismo como piedra de toque del aprendizaje. Los enfoques de la atención a la diversidad descubren lo weird, lo raro, o lo que es lo mismo, que los estudios de psicología están basados en una ínfima parte de la población que no llega al 2% y siempre es blanca, occidental y democrática. Por lo tanto, «hay que ponerlos bajo sospecha», subraya.

La inclusión educativa la resume en una frase: «Ni una mala palabra, ni una buena acción». Las leyes y convenciones de derechos humanos conviven sin sonrojo con dictámenes de escolarización en centros especiales y los derechos de los niños «se siguen reclamando en los juzgados». «La educación inclusiva y la personalización del aprendizaje son los retos de la escuela del siglo XXI», recalca.

«La excelencia es compatible con la inclusión educativa»

«La excelencia educativa es perfectamente compatible con la inclusión», asegura Gerardo Echeita, profesor titular de Psicología en la Universidad Autónoma de Madrid y un referente de la enseñanza a alumnado con necesidades educativas especiales en España. Entiende que una educación es «reprobable» si «solo se valoran determinados logros escolares, como pueden ser las matemáticas, y solo para unos pocos». «La escuela tiene que preparar para otras competencias», entre ellas, «aprender a aprender y el reconocimiento de la diversidad».

Si se tienen en cuentan estas dimensiones de la educación, «la excelencia y la equidad no son antagónicos». Este también es un logro de modelos de éxito educativo como es el caso de Finlandia, apostilla. La educación obligatoria, que vaticina que se alargará próximamente hasta los 17 o 18 años, tiene que ser garante de los derechos de todas y todos. Echeita señala que la pelea que han mantenido en los tribunales Alejandro y Lucía, el padre y la madre de Rubén, «ha sido muy importante para demostrar que si hay que llegar ese punto para defender los derechos de un hijo, hay que hacerlo y las administraciones se lo piensen muy bien».

Casos como este deberían de ser compensados y reconocidos». Las situaciones de discriminación, en particular hacia niños y niñas con discapacidad, son la prueba de la «resistencia al cambio» y del poso de una cultura que durante siglos, hasta los años 80 del siglo XX, ha considerado la discapacidad como enfermedad.

«Los centros de educación especial irán desapareciendo»

Llevar la cultura de la escuela a las aulas pasa por un repaso de todas las prácticas que se llevana cabo en el entorno educativo. Según Coral Elizondo, hay que empezar por el documento de centro y por abrirse a la comunidad. «Hay que tener una mirada inclusiva hacia todo el alumnado», afirma la psicóloga y orientadora del Centro Aragonés de Recursos de Educación Inclusiva.

Las prácticas inclusivas se deben reflejar por escrito en «proyecto educativo de centro» y poner en marcha en la escuela con medidas como la participación de las familias y la comunidad, el cambio de uso de espacios como el patio de recreo para dar oportunidad de que se realicen tareas alternativas al fútbol.

Permitir la flexibilidad en el aula y mantener en esta al alumnado con necesidades educativas especiales incorporando la docencia compartida y el voluntariado para trabajar por proyectos en grupos interactivos. «El alumnado no puede ser un mero consumidor de contenidos sentado en el aula durante horas, debe ser también productor.

Los llamamos prosumidores porque forman parte activa de su aprendizaje». Elizondo asegura que las leyes educativas permiten introducir estas prácticas, en concreto el artículo 121 de la Lomce que regula el proyecto educativo de centro y el tratamiento transversal de las áreas. Hace falta «formación y voluntad». El debate más grande, admite, son los centros educación especial: «A largo plazo desaparecerán. Yo veo posible dar una respuesta de calidad a todo el alumnado», concluye.

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Ana Gaitero. Periodista

Ana Gaitero. Periodista

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