La desigualdad de la riqueza en España se ha doblado en 12 años

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    Banco de España.- Encuesta Financiera de las Familias (EFF) 2014: métodos, resultados y cambios desde 2011

    Las deudas ahogan a los hogares empobrecidos.

  • Insolvencia para acceder a necesidades básicas como la alimentación, el vestido, el transporte o los gastos extraordinarios de educación y salud,
  • El Barómetro Social de España advierte que las deudas ahogan a los hogares más pobres, muchos de ellos abocados a la insolvencia económica y al riesgo de exclusión social.
  • Llama la atención el silencio mediático respecto a los efectos catastróficos, en términos de desposesión y endeudamiento, que la crisis ha tenido para los hogares más pobres.

La quinta edición de La Encuesta Financiera de las Familias (EFF) es la fuente más consistente para conocer la distribución de la riqueza en España confirma un reforzamiento de la desigualdad en el reparto de la riqueza: desde 2011 sólo los más ricos han incrementado su patrimonio, siendo el tramo de hogares pobres el que más ha perdido, hasta el punto de que sus deudas superan por primera vez a sus activos.

Aquí presentamos conclusiones y los puntos más relevantesdel último Barómetro Social de España.

La cuarta parte de la población está abocada a la insolvencia

El 25% de hogares con rentas altas disfrutan de un nivel de consumo más elevado en todos los órdenes y además tienen capacidad de ahorro e inversión, lo que les permite incrementar año a año su patrimonio. En cambio, los hogares con menos ingresos no pueden hacer frente a sus necesidades, sobre todo de bienes duraderos, y necesitan endeudarse para conseguirlos, lo que acrecienta su empobrecimiento.

España alcanza en 2014 la mayor polarización de la riqueza. 

Los hogares aumentaron su patrimonio neto pero ese crecimiento fue más del doble en los tramos ricos e intermedios (+60%) que en el tramo de hogares pobres (+28%). Es decir: el efecto riqueza se concentró especialmente en los estratos superiores.

La polarización en el reparto de la riqueza se ha extremado entre el 10% de hogares más ricos, que se han vuelto mucho más ricos, y el 25% de hogares más pobres, que ahora son muchísimo más pobres

La ratio entre el 10% más rico y el 50% más pobre de los hogares ha pasado de 17 a 35, lo que supone que la desigualdad en el reparto de la riqueza entre ambos segmentos de la población se ha doblado en tan solo doce años. La distancia patrimonial entre la mitad más rica de España y la más pobre casi se ha doblado entre 2002 y 2014.

El efecto más terrible de esta evolución es el drama al que se ve abocado los más empobrecido de la población, cuyo patrimonio neto ha pasado a ser negativo por primera vez desde 2002. En el origen de esta evolución encontramos tres causas inmediatas:

  • el desempleo sin ningún tipo de prestación, ni contributiva ni asistencial, que afecta a unos tres millones de personas;
  • el subempleo eventual y poco remunerado y
  • el creciente endeudamiento de muchas de estas familias, como se muestra a continuación.
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Brecha creciente de la riqueza en los hogares españoles entre 2002 y 2014 (euros constantes)

Las deudas de los hogares pobres han crecido diez veces más que las del resto de la población y pesan como una losa sobre sus ingresos

Las deudas afectan cada vez a más familias pobres (del 37% en 2002 al 54% en 2014) y por importe cada vez mayor: el valor mediano en euros constantes ha crecido diez veces más (de 23.200 a 82.600€: +256%) que el del resto de los hogares (de 31.700 a 39.900€: +26%). Hasta 2008, la mediana de deudas de los hogares pobres se ha disparado, llegando a triplicarse.

El resultado de esta evolución es que más de la mitad de las familias pobres ha llegado a un nivel de endeudamiento imposible de soportar. Si en 2002 el 14% de esos hogares tenía una la deuda pendiente que superaba en más de tres veces su nivel de renta anual, en 2008 esa proporción pasó al 32% y en 2014 al 52%. Esta tendencia es totalmente diferente a la pauta de endeudamiento del resto de hogares del país, que se ha visto reducida entre 2011 y 2014.

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Mediana de deuda hipotecaria de los hogares más pobres con ese tipo de deuda y comparación con el resto de los hogares

Deuda hipotecaria impagable para muchos hogares pobres

El principal componente de la deuda de hogares más pobres es la vivienda. En 2002 sólo el 16% tenía deuda hipotecaria sobre su vivienda, y ésta era de 48.300 euros por hogar. En cambio, en 2014 se ha doblado el número de hogares con ese tipo de deuda (31%) y casi se ha triplicado su valor mediano (114.400 euros). La deuda hipotecaria de vivienda de los hogares pobres ha crecido mientras en el resto de hogares se redujo.

Endeudamiento creciente de la población trabajadora.

Al no disponer de patrimonio propio, muchos hogares empobrecidos se ven obligados a pedir créditos para acceder a los recursos básicos, con el efecto doblemente perverso de incrementar su nivel de deuda y ampliar el negocio (bancario) de los hogares más ricos De esta manera se mantiene la dinámica inaugurada en los años del boom económico de la burbuja especulativa: el estancamiento o deterioro del salario real se ve compensado por un endeudamiento creciente de la población trabajadora.

Exclusión económica y social como efecto de la política económica

La creciente carga de deuda que soportan las familias empobrecidas conduce inexorablemente a una parte de ellas al impago de la vivienda, comprada o en alquiler, dando lugar a desahucios y lanzamientos, así como a las correspondientes ocupaciones de viviendas vacías ante la falta de una política habitacional que permita resolver tales emergencias. Otras veces se deja de pagar la luz, el agua o el gas, con el consiguiente problema del corte del suministro, o se producen situaciones de insolvencia para acceder a necesidades básicas como la alimentación, el vestido, el transporte o los gastos extraordinarios de educación y salud, etc.

La negación de estos derechos básicos, compensados sólo parcialmente por las políticas sociales, son el corolario de la política económica seguida por España en las dos últimas décadas (antes, en y después de la crisis): mientras el stock de capital empresarial se ha multiplicado por cinco entre 1994 y 2015, los salarios han reducido su poder adquisitivo en un 10% y la amenaza del paro y las reformas laborales regresivas han frenado la capacidad de reacción de la población asalariada.

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Gráfico 6. Mediana de deuda pendiente por la compra de vivienda principal, por tramos de patrimonio (2014)

En el ciclo expansivo anterior a 2008 los salarios se mantuvieron congelados pero el aumento del empleo y, por tanto, de la masa salarial, dio lugar a una expansión del consumo y de la compra de viviendas; después, el pinchazo de las burbujas inmobiliaria y financiera provocó la quiebra en cadena de muchas pequeñas empresas, el desahucio de medio millón de viviendas y el endeudamiento creciente de 12 millones de hogares.

Los datos de la última EFF corresponden a 2014; la nueva Encuesta de 2017 no se publicará hasta 2020 por lo que aún no conocemos los efectos del ciclo de crecimiento económico de los últimos años. Sin embargo, según el informe social que acaba de publicar Cáritas-Fundación FOESSA “la tasa de riesgo de pobreza y exclusión social (AROPE) se encuentra hoy todavía en niveles superiores a los del año 2013 al igual que los principales indicadores de desigualdad. La tasa de riesgo de pobreza relativa está en su nivel más alto desde el 2008”, lo que les lleva a plantearse las siguientes cuestiones: “¿Podemos seguir permitiéndonos estas cifras? ¿Será el estancamiento de estas cifras favorecedor de que las clases medias de este país tomen partido por las clases más populares? ¿O acaso nos encontramos ante un fenómeno estructural de normalización de la exclusión que ya deviene en naturalización?”

Lo que es seguro es que continuamos inmersos dentro de la onda larga neoliberal que se inició en los años setenta del siglo pasado, después de la etapa fordista de la segunda postguerra mundial. Como decimos en otro lugar, la desaceleración de la productividad se salda con el estancamiento o disminución del salario real en casi todos los países, en paralelo con un incremento correlativo de la tasa de ganancia del capital. Y se traduce, desde el punto de vista social, en una mayor desigualdad en el plano nacional e internacional, con una minoría acaparadora de la renta y la riqueza, y una exclusión creciente de los sectores más frágiles.

Las relaciones de poder en el ámbito económico se extienden a las instituciones políticas y “quienes tienen dinero lo utilizan para comprar poder y manipular en su favor las leyes, normativas y políticas, generando una espiral de aumento de la desigualdad económica.

Los incontables casos de corrupción política son un indicador de esta dinámica. De este modo, las decisiones de política económica –europeas y españolas- reman a favor de las grandes empresas y mercados de deuda transnacionales, dando lugar a la paradoja planteada por Alfonso Ortí de que las instituciones democráticas se han convertido en “la forma suprema de legitimidad de esas políticas (excluyentes)”.



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