La “Nueva asignatura”

  • Los profesores tendrán que detectar el maltrato familiar a sus alumnos.
  • La Junta pone en marcha un protocolo de actuación, su incumplimiento acarreará responsabilidades al maestro que no lo detecte.

familiaLos profesores de Castilla y León incluirán entre sus deberes comunicar cualquier sospecha de maltrato que puedan sufrir los escolares en su entorno familiar, dada la cercanía con los niños, una vía que informalmente ha permitido que afloren en los últimos cinco años 115 casos en la Comunidad.

“No vamos a permitir que nuestros escolares sufran ningún tipo de maltrato” ni dentro ni fuera de las aulas, ha sostenido el consejero de Educación, Fernando Rey, en la presentación del protocolo de actuación puesto en marcha junto a la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades para que los docentes tengan claro el camino y los pasos a dar, y para lo que recibirán una formación específica.

Se trata de un “nuevo deber al profesorado”, el de actuar ante esa sospecha de maltrato, de cuyo incumplimiento se derivarán responsabilidades ¿😳😳😳😳?, aunque habrá que valorar de qué tipo, en función de si ha habido negligencia o una incapacidad para detectar el maltrato, ha observado Rey.

La consejera de Familia e Igualdad de Oportunidades, Alicia García, ha incidido en que con este protocolo se homogeniza el abordaje de este problema en todos los colegios de la Comunidad, ya que incluyen las pautas de actuación tanto para el propio sistema educativo como para su notificación a los servicios sociales.

Cuando los indicadores físicos o psíquicos o abusos sexuales sean graves y pongan en peligro al alumno la intervención será inmediata y se podrá comunicar el caso directamente a las fuerzas y cuerpos de seguridad, los servicios de protección a la infancia o la fiscalía del menor.

En los casos de sospecha de maltrato leve o moderado, el docente deberá realizar por escrito una comunicación al equipo directivo del centro alertando de esa situación; que posteriormente el director hará llegar a los servicios sociales y a la dirección provincial de educación, que son los que decidirán si la intuición es real y los pasos a seguir.

El protocolo va más allá, ya que no solo se trata de detectar esos casos de maltrato al niño en su entorno familiar sino de mejorar la actuación educativa en el buen trato y la igualdad personal en las escuelas y con las familias, ya que hay niños que no tienen conciencia del maltrato porque no están acostumbrados a que se les trate bien, ha añadido la directora general de Innovación y Equidad Educativa, María Pilar González.

Aunque los profesores ya denuncian esos casos, como evidencian las 281 sospechas de maltrato infantil comunicadas en los últimos cinco años, la mayoría por negligencias físicas o psicológicas, que derivaron en 115 expedientes de protección, en los casos menos claros el profesor puede haber preferido intervenir lo menos posible y dejarlo en el ámbito privado, en el de la familia, ha admitido Rey.

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Agentes vigilantes

Para convertirse en agentes vigilantes contra el maltrato a la infancia, se pondrá en marcha una formación que comenzará por los directores y pedagogos de los centros para luego extenderse a todo el profesorado, lo que llevará los dos próximos cursos docentes.

Los profesores tienen “un puesto de observación de primera”, ha referido la consejera de Familia e Igualdad de Oportunidades, con lo que este protocolo busca “afinar” los mecanismos para detectar todos los casos que se pueden dar en Castilla y León.

Con este protocolo con los centros docentes se “cierra el círculo” de mecanismos de coordinación con los principales profesionales de la Comunidad que pueden detectar esas situaciones, tras los acordados con los sanitarios y las entidades locales, ha concluido Alicia García.

Lo que el profesorado ya venía haciendo de forma habitual, la administración lo convierte en una carga más sobre las maltrechas espaldas del profesorado
Intervención educativa ante posible riesgo o sospecha

Los estudiantes pasan buena parte de su jornada en el centro educativo, allí aprenden a relacionarse, a convivir y a establecer vínculos afectivos con otros compañeros y con los profesionales que trabajen en el colegio o instituto. Además, los profesores conocen a las familias a través de múltiples contactos, ya sea en entrevistas individuales o grupales al inicio de curso, comunicaciones puntuales, etc. Esta situación genera que los docentes sean capaces de valorar la situación del estudiante, así como las redes familiares establecidas y las pautas educativas que se llevan a cabo.

Las actuaciones que contempla este Protocolo van a concienciar y formar al profesorado en su labor de detección precoz de situaciones de riesgo y/o sospecha de malos tratos en la infancia y en la adolescencia en el entorno familiar. Junto a esto, también clarifican el proceso de intervención a seguir desde la sospecha de maltrato hasta su notificación, al tiempo que facilitarán y mejorarán la coordinación interinstitucional.

Para ello, el Protocolo recoge las pautas de actuación tanto en el propio sistema educativo como para su notificación a los servicios sociales, bien a los CEAS en el caso de sospecha de maltrato leve o moderado o a las Secciones de Protección a la Infancia en los casos más graves.

De esta forma, ante la sospecha de riesgo o malos tratos, cualquier docente de un centro educativo deberá realizar por escrito una comunicación al equipo directivo del mismo alertando de esta situación. Posteriormente, el director y su equipo deberán hacer llegar tanto a los Servicios Sociales como a la Dirección Provincial de Educación un documento con el caso. En el caso de que existan indicadores físicos, psíquicos y/o abusos sexuales que pongan en peligro al alumno, la intervención sería inmediata, incluso se podría solicitar el auxilio de los servicios de emergencia o la Policía Local, Nacional o la Guardia Civil.

Además, con la aprobación de este Protocolo, los centros educativos se comprometen a llevar a cabo actuaciones preventivas y mecanismos de formación que ayuden a desarrollar contenidos, habilidades y competencias para fomentar el buen trato entre los alumnos. En definitiva estrategias que ayuden a la identificación, notificación, seguimiento e intervención de estas situaciones, creando un clima de bienestar, confianza y seguridad para el estudiante.

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