Los patrones de los ‘profes’

La falta de motivación y formación de los docentes es un lastre de la educación española

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Gabriela Cañas
Periodista

En las crónicas de Le Monde en las que se daba cuenta estos días del perfil de los nuevos ministros franceses se decía el jueves pasado que Benoît Hamon, nombrado responsable de la cartera de Educación, pasaba de ser un antiguo líder estudiantil a convertirse en “jefe de los profesores”. Es una descripción que quizá por la descentralización estatal nunca hubiéramos utilizado en España. Y, sin embargo, es la mejor definición que he oído nunca de un responsable político de Educación. Porque el pilar fundamental de la enseñanza es justamente el profesorado y creo que estamos faltos de políticos que adopten ese papel: el de ser el patrón de los profesores, el de ocuparse de ellos, de organizar convenientemente su trabajo porque de ellos depende la calidad educativa de los ciudadanos.

Es una evidencia el inmenso peso que ejerce un profesor en la educación de los alumnos. Un buen docente es una joya. Detrás del buen aprendizaje de una materia, aun de la más compleja, siempre hay un buen profesional capaz de motivar a los alumnos, de despertar su interés, de abrirles los secretos de la ciencia que imparte. Por eso, es esencial que los profesores estén motivados y apoyados y que tengan acceso a la formación permanente. Es, sin embargo, uno de los flancos débiles del sistema español.

El penúltimo informe PISA de la OCDE, centrado en las habilidades matemáticas de los alumnos de 65 países, explicaba sobre España que los profesores están poco motivados y que la colaboración entre los docentes es poco frecuente. Por contra, el último informe PISA sobre las habilidades para resolver de manera creativa problemas cotidianos, dado a conocer la pasada semana, señalaba que en los países mejores en la tabla (Japón y Singapur, por ejemplo) los profesores reciben apoyo institucional permanente para seguir formándose, además de disfrutar de gran libertad.

España sigue rezagada, por debajo de la media, en la calidad educativa, a pesar de haber aumentado el presupuesto en este capítulo desde 2003 de manera importante. Pero aquí los responsables políticos suelen poner más énfasis en grandes leyes, clases de catolicismo o centralismo educativo que en cuidar a sus profesores. Por el contrario, hay políticos —imposible olvidar las andanadas de Esperanza Aguirre contra los maestros— empeñados en destruir su imagen y recortar salarios y plantillas. Rara vez se ocupan de su formación y sus problemas. Dice la secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio, que nuestro problema es que se abusa del sistema memorístico. No puede ser de otra manera cuando los profesores hacen una carrera y ocupan la plaza con una mera oposición. A este respecto, el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, proponía hace un par de años un sistema de selección y de formación permanente para los profesores, lo que fue simplificado como un sistema MIR para los docentes y nunca se debatió en profundidad. Típico.

Hasta ahora, se ha demostrado imposible el consenso político sobre la Educación. Pero ya sería mucho que al menos los responsables políticos de este asunto se sintieran patrones de los profesores. A buen seguro que lograrían mejoras.

Enlace artículo Gabriela Cañas

 

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