Olleros pide un maestro. / Opinión de Julio Llamazares

Julio Llamazares opina / Petición de firmas a través de la Plataforma change

Por una educación de calidad en el mundo rural.
Carta a
Junta de Castilla y León

” data-tolerance=”20″ data-ellipsis=”” data-height=”100″ data-_block=”Atiendan la petición del AMPA del C.R.A Santa Bárbara de Olleros de Sabero para cubrir la plaza de maestro jubilado el pasado curso.”>Atiendan la petición del AMPA del C.R.A Santa Bárbara de Olleros de Sabero para cubrir la plaza de maestro jubilado el pasado curso.


La cerrazón de la Administración propicia este tipo de actuaciones.

Los menores llevan desde el día 5 sin asistir al colegio por el conflicto por la plaza de un profesor jubilado.
diariodeleon.es|De Diario de León
http://www.lanuevacronica.com/olleros
Imagen de Julio Llamazares Por Julio Llamazares

Los de Olleros siempre tuvieron fama de luchadores desde que en la Guerra Civil varios de sus vecinos se echaron al monte (de Olleros eran los miembros del grupo de guerrilleros que secuestró al ingeniero Arriola y atentó contra el juez militar Navas, de triste recuerdo, en pleno centro de León) y aún antes, cuando las huelgas obreras del 17 y el 34, fama que se prolongaría en el tiempo hasta el cierre de las minas de Sabero, a principios de los noventa del pasado siglo, que dejó el pueblo diezmado. Pero donde hubo fuego quedan las brasas, como demuestran en estos días los padres de los alumnos del colegio público de la localidad, que protestan contra los recortes en profesorado por parte de la Consejería de Educación.

Cuando mi padre llegó de maestro a Olleros al final de los años cincuenta, había en el pueblo catorce escuelas y todas llenas de niños de las que ya sólo queda el colegio actual, lo que da una muestra de su decadencia. Pero, ¿de quién es culpa esa decadencia? ¿De los vecinos? De los 3.000 que llegó a tener hoy quedan menos de 400, pero precisamente por ello los que quedan deberían recibir apoyo en lugar de animarlos a emigrar también. Y, si les suprimen servicios públicos, se les está invitando a hacerlo. Por eso, la lucha de esos padres que se niegan a que se quite una plaza de profesor del colegio trasciende al mero problema administrativo para convertirse en ejemplo de dignidad, la de quienes aspirar a vivir con ella en el mundo rural, en igualdad de condiciones con los de las ciudades. Que es lo que tiene que procurar la administración en lugar de aprovechar su debilidad para ahorrar dinero.

Viendo estos días en los periódicos las fotos de los alumnos y de los padres de Olleros frente al colegio (que está, por cierto, al lado del pabellón en el que yo viví y en cuya planta baja mi padre tenía la escuela; también un pequeño huerto en el lugar que ahora ocupa el edificio escolar) recordé mis años allí y me he sentido orgulloso de los vecinos de un pueblo cuyo espíritu de lucha no ha mermado por más que cada vez sean menos.

El primer artículo que yo publiqué en la prensa (con sólo 17 años, en la competencia de este periódico) fue para denunciar otra situación de atropello contra ellos, aquella vez por parte del Ayuntamiento de Sabero, que les escatimaba el agua, y ahora lo vuelvo a hacer encantado, no de que se esté produciendo otra situación de atropello, sino de poder devolverle a Olleros todo lo que ese pueblo me dio, que fue mucho. Fundamentalmente el espíritu de lucha contra las injusticias, que lo aprendí de aquellos mineros siendo un chaval.

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