Religión en la LOMCE. Viejos tiempos.

A vueltas con lo mismo

Quieren volver a enterrar a nuestra sociedad en las tinieblas de la ignorancia como mejor manera de manejar a las masas y seguir teniendo rebaños que trabajen, cada vez por menos, maleables y a su plena disposición y antojo.

Imagen de Arsenio Terrón

Arsenio Terrón. Profesor de la Universidad de León. Representante de STELE-STECyL.

¡Pero en qué país estamos!
    Otra vez damos, no uno sino mil, pasos atrás para regresar a postulados decimonónicos, retrógrados, contrarios a la ciencia y al conocimiento, que quieren volver a enterrar a nuestra sociedad en las tinieblas de la ignorancia como mejor manera de manejar a las masas y seguir teniendo rebaños que trabajen, cada vez por menos, maleables y a su plena disposición y antojo.
   El que pasa por ser el documento escrito más importante en manos del gobierno de nuestro país (el BOE) ha recogido de manera oficial una creencia sectaria cual si fuera dogma que todos debiéramos aceptar y que no es otra cosa que asegurar que hubo un máximo hacedor de las cosas (el cosmos) y contraponen con ello la existencia de dios, un dios, su dios, al caos y el azar.
   Lo primero, decirles que en este mundo, no sé en otros, se reconocen miles de dioses, no sólo el suyo, y que el suyo ni siquiera sería el que más seguidores tiene, si es que tal cosa fuera relevante, por lo que debiéramos preguntarnos a cuál de ellos se le debe el haber creado el universo y a todas las criaturas que en él habitamos.
   Como ejercicio de ciencia-ficción es admirable tal pregunta y su aventurada y fantasiosa respuesta. Como ejercicio de ciencia no tiene sentido alguno desdecir los que los postulados científicos han demostrado, contraponiendo dichas tesis con la fe porque creer no obliga a demostrar, esa es su gran baza.
   Formar ciudadanos críticos es el único camino para que el país avance. Adoctrinar a las futuras generaciones será el mejor modo, como ellos quieren, para convertir en mansas ovejas a todos y que de ese modo puedan seguir al buen pastor, siempre el suyo, el que conduzca el rebaño hacia donde mejor les convenga, sin importarles para nada la libertad y la dignidad de las personas más allá de mantener por siempre sus postulados como modo de autoperpetuar su dominio por los siglos de los siglos.
   Incluso a muchos creyentes, que piensan, les repugna su nueva estrategia.
    Por nunca, AMÉN.

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