Una maestra (de tantas) cabreada

No somos pocas las que hace unos días mirábamos las notas de nuestros exámenes y comprobábamos, atónitas, la cantidad de suspensos que inundaban unas oposiciones de las que salíamos con buenas sensaciones.

No es extraño escuchar entre los compañeros y compañeras maestras de Educación Infantil y Primaria año tras año que las oposiciones para acceder al cuerpo de maestros son «un tongo», que se necesita una porción de suerte y que con estudiar no es suficiente. Aun así, para todas llega un septiembre en que decidimos que este es nuestro año, que la oportunidad de una plaza está disponible para quienes se lo trabajan y que tras horas de libros y bibliotecas el esfuerzo se verá recompensado.

Nada más lejos de la realidad. No somos pocas las que hace unos días mirábamos las notas de nuestros exámenes y comprobábamos, atónitas, la cantidad de suspensos que inundaban unas oposiciones de las que salíamos con buenas sensaciones. Unas oposiciones que cuya primera parte consta de relativamente pocos temas (25), pero que no tienen un temario cerrado, oficial, o al menos, un temario que nos oriente sobre qué podemos estudiar. Es por ello que después de varios años de preparación, es imposible acertar. Tal y como suena, a día de hoy aún no sabemos qué esperan que escribamos en nuestro examen. Y no es fácil, ya que nos encontramos algunos temas como por ejemplo «El niño y la imagen» ¿Acaso no habría muchas soluciones para desarrollar este punto? ¿cómo saber cuál es válida? ¡Hasta las academias se han tirado de los pelos este año con lo que ha ocurrido en Cantabria!

No solo eso, acompaña a este examen un supuesto práctico, cuya resolución también nos da incertidumbre ¿cuál era la respuesta? ¿cómo es posible que cientos de personas salgan con la sensación de tener una buena nota y acaben teniendo notas cercanas al cero? Si ¡al cero!

No somos pocas las que hoy pedimos una prueba objetiva, que permita medir nuestros conocimientos sobre un temario cerrado. Que sintamos que nuestras notas se correspondan con lo que sabemos y no nos vayamos con esta impotencia. Que existan unos criterios públicos que nos orienten sobre qué tenemos que estudiar. Que, si se realiza una reclamación, con la petición de copia del examen, así como de los criterios de evaluación utilizados no se nos responda reiterando nuestra nota ¿acaso no tenemos derecho a ser reevaluados por otro tribunal? ¿a ver y tener nuestro examen? ¿a conocer las causas de nuestras notas?… Pero parece que es más útil crear algún tipo de herramienta que ¡casualidad! De 1800 personas inscritas en la oposición, en torno a 1700 presentados, haga que el número de aprobados finales se acerque a las casi 160 plazas … ¿buscamos la calidad docente o el ajuste numérico?

Ni que decir tiene ya la falta de cobertura de plazas fijas, el papel de las vacantes para no formalizar puestos de trabajo estables, la bolsa de sustituciones en las que estamos atadas de pies y manos para trabajar allí donde nos manden, por el tiempo que se necesite, sabiendo que de momento no tenemos otra alternativa. Y así sigue el sistema educativo, masificado, con procesos de oposición injustos, con condiciones laborales lamentables para muchas compañeras, especialmente en las etapas de los más pequeños.

Somos cientos las que hoy lloramos, gritamos y nos quejamos al ver las respuestas a nuestras reclamaciones. Pero nadie nos escucha y en dos años, la misma historia, a ver si estudiando menos y poniendo unas velas al «Santo» la suerte, y no solo la valía, está más de nuestro lado.

Espacio de Opinión

No somos pocas las que hoy pedimos una prueba objetiva, que permita medir nuestros conocimientos sobre un temario cerrado

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