Elecciones sindicales en la enseñanza pública
En la pública no universitaria. Tiempo para promesas. Para reflexionar. Conocer propuestas. Valorar lo que cada sindicato y sus liberados y liberadas han hecho durante esta legislatura. Y votar. Sobre todo, votar. Porque cuantos más votos, mejor. Más fuerza tendrán luego los sindicatos de enseñanza.
Elecciones sindicales en la enseñanza pública no universitaria. Con jornada de votación prevista para comienzos de diciembre en la mayor parte de las comunidades autónomas. Las propuestas de las diferentes organizaciones sindicales pueden consultarse en la red. Algunas, comunes y compartidas por prácticamente todas las organizaciones sindicales. Sobre plantillas docentes: aumento de efectivos, reducción de la temporalidad, mayor estabilidad del personal interino. Sobre trabajo en los centros: reducción de horas de docencia directa, bajada de ratios, aumento de personal de apoyo educativo para atención a la diversidad, definición de puestos de especial dificultad, menor carga burocrática. Sobre la profesión: mejora de retribuciones para compensar pérdida de poder adquisitivo, reforma de la formación inicial, refuerzo de la formación permanente, seguridad ante acoso y en extraescolares. Y, por supuesto, como telón de fondo un clamor silenciado durante años por administraciones de diferente color político: la necesidad (cada vez más urgente) de un estatuto docente.
Luego hay matices por comunidades autónomas. En unas, se insiste especialmente en la equiparación salarial con el resto de comunidades. En otras, en el reconocimiento profesional de quienes trabajan en el primer ciclo de educación infantil. O en el respeto y valoración de la lengua propia. O en la agilización de las sustituciones. O el problemón que les supone encontrar vivienda si los destinan a una localidad diferente a la de su domicilio familiar. Y así muchas otras justas reivindicaciones que llevan tiempo sobre la mesa. Sobre las mesas sectoriales. En la que los sindicatos tienen abierta con el Ministerio de Educación, para sacar adelante algunas de las ya “famosas” 24 medidas, planteadas en enero de 2022. Y en la mesa sectorial de cada comunidad autónoma. Ahí se juega casi todo. El marco estatal como referente, por supuesto: vamos a ver si se aprueba, por fin, la reducción de jornada y de ratios en un real decreto, ya que la ley quedó varada al disolverse las Cortes Generales. Pero, sobre todo, la clave está en las comunidades autónomas, directas responsables de la gestión de personal en la enseñanza no universitaria.
Aquí hay diferencias más que notables. Gobiernos autonómicos que, aunque sea a regañadientes, han tomado medidas que han serenado algo las protestas, se han sentado con los sindicatos o han creado grupos de trabajo para intentar alcanzar un pacto por la educación en su territorio. Y gobiernos autonómicos que, por el contrario, desprecian, cuando no culpabilizan, a quienes se manifiestan con camisetas verdes o amarillas por sus calles y plazas. No. El colectivo docente que trabaja en la pública sólo pide dignidad para la pública. Para su puesto de trabajo y para el alumnado escolarizado en un centro público. Nada más. No hace falta ir en contra de la concertada. Lo que se pide es muy simple y complejo a la vez: financiación suficiente para la educación pública. Sí, la que depende directamente (y en todo) de las administraciones públicas.
Esas cuestiones van a dilucidarse en estas elecciones sindicales. Los sindicatos comparten muchas propuestas en sus programas. Suelen ir y votar juntos en muchas mesas sectoriales. Pero también se aprecian diferencias. En primer lugar, en su propio origen. Hay sindicatos que circunscriben su dedicación solo al sector de la enseñanza y casi en exclusiva a lo público. Otros sindicatos de enseñanza forman parte de una organización sindical mucho más amplia, compartiendo su visión social colectiva con el resto de trabajadores y trabajadoras de otros sectores. Como hay sindicatos que siempre están en concentraciones y manifestaciones y otros que solo de vez en cuando (dependiendo quien gobierne) aparecen detrás de una pancarta. Después, en los concretos representantes sindicales de cada sitio. Hay liberados sindicales que visitan periódicamente los centros educativos, envían información continua a sus afiliados y comunican por distintos medios a todo el colectivo docente los acuerdos y desacuerdos en sus negociaciones con la correspondiente administración educativa. Otros, no. Pues estas elecciones también se ganan y se pierden ahí: en el grado de conocimiento y de prestigio personal que tienen los representantes sindicales entre el profesorado de su demarcación.
Tres ruegos para estas elecciones. El primero, para las organizaciones sindicales: que en sus programas electorales no incluyan solo propuestas corporativas y que piensen en el conjunto de la comunidad educativa: el descenso de ratios, por ejemplo, es una excelente medida que afecta al bienestar docente, a la calidad de enseñanza y, especialmente, al alumnado. El segundo, para quienes salgan elegidos: que sean consecuentes y trabajen para defender las propuestas y promesas que llevaron en sus programas: también se hace sindicalismo fuera de los despachos y asambleas internas (necesarias) de sus organizaciones. Y tercero, para las administraciones educativas: que escuchen a los representantes sindicales en las mesas sectoriales, en los foros de participación (consejos escolares, observatorios, etc.) y en contactos directos a través de entrevistas regulares cada cierto tiempo: les guste más o menos lo que les digan, representan a todo un grupo social tan numeroso como es el colectivo docente.
Y un último ruego al profesorado llamado a las urnas en estas elecciones sindicales: que vayan a votar. A quien quieran, pero que voten. Solo desde un masivo respaldo se tiene fuerza para negociar y alcanzar acuerdos. Porque ese debiera ser el objetivo: avanzar juntos administraciones y administrados en la mejora de la educación.
26-10-2026 | Jesús Jiménez
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