26 de abril: visibilidad lésbica, también en el mundo del trabajo
La visibilidad lésbica sigue siendo una asignatura pendiente en una sociedad que presume de derechos mientras mantiene intactas muchas de las estructuras que nos silencian. Y si esto es evidente en el ámbito social, aún lo es más en el mundo del trabajo.
Desde una perspectiva sindicalista, la invisibilidad de las lesbianas no es casual: es funcional. El sistema productivo se sostiene sobre desigualdades estructurales que atraviesan el género, la clase y también la orientación sexual. Las mujeres lesbianas sufrimos una doble opresión: por ser mujeres en un mercado laboral precarizado y por no encajar en la norma heterosexual que sigue marcando las relaciones sociales, laborales e institucionales.
¿Cuántas trabajadoras no se atreven a hablar de su vida personal en el trabajo? ¿Cuántas tienen que esquivar preguntas, ocultar parejas o soportar comentarios disfrazados de humor? La lesbofobia no siempre se presenta de manera explícita; a menudo es sutil, cotidiana, estructural. Está en las promociones que no llegan, en los silencios incómodos, en la falta de referentes, en el miedo a perder el puesto de trabajo.
Ante esto, el sindicalismo no puede ser neutral. O está al lado de la diversidad y la justicia social, o se convierte en cómplice del sistema que dice combatir. Incorporar la realidad de las mujeres lesbianas en la agenda sindical no es una cuestión accesoria, es una exigencia de coherencia. Es necesario negociar protocolos contra la discriminación, impulsar planes de igualdad que incluyan la diversidad afectivo-sexual, garantizar espacios de trabajo seguros y libres de LGTBI-fobia, y sobre todo, dar voz a las trabajadoras que históricamente han sido silenciadas.
Pero también hay que ir más allá de las medidas formales. La transformación real pasa por cuestionar el modelo laboral que precariza nuestras vidas. Las mujeres lesbianas, como tantas otras, sostenemos la vida en condiciones cada vez más duras: contratos temporales, salarios bajos, jornadas interminables y una conciliación que sigue siendo una ficción. La lucha por la visibilidad no puede desligarse de la lucha por unas condiciones de vida dignas.
Reivindicarnos visibles es también reivindicarnos organizadas. Es construir espacios colectivos donde compartir experiencias, tejer redes y generar poder. Es entender que nuestra realidad no es una cuestión individual, sino política. Y que solo desde la acción colectiva podremos transformarla.
Este 26 de abril no queremos solo ser visibles. Queremos ser escuchadas, respetadas y con derechos reales. En las calles y en los centros de trabajo. Porque sin las mujeres lesbianas, no hay ni feminismo completo ni sindicalismo transformador.
Desde STECyL- i lo tenemos claro: no dejaremos nunca a ninguna trabajadora atrás, sea cual sea su orientación sexual. La defensa de los derechos laborales solo es real si es inclusiva, si reconoce todas las realidades y si combate cualquier forma de discriminación. Porque la igualdad no admite excepciones, y la dignidad tampoco.
La visibilidad no es un gesto. Es una herramienta de lucha.
Organización de Mujeres de STECyL-i

