STECyL denuncia la incoherencia de la Consejería en la adjudicación del programa Fruta y Leche

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La Junta nos pide «Km 0» y nos trae manzanas de Italia.

STECyL critica a la Junta por traer fruta de Italia y leche de Jaén: «Es una hipocresía pedagógica que destruye el currículo rural»

La comunidad docente de Castilla y León denuncia la incoherencia de la Consejería de Agricultura tras adjudicar los 800.000 euros del Programa Escolar de Consumo a macrodistribuidores de Valencia y Jaén que introducen fruta de origen italiano.

Mientras el profesorado trabaja a diario en las aulas para educar en el consumo sostenible, el «Kilómetro 0» y la reducción de la huella de carbono, la propia administración desmantela este esfuerzo pedagógico al ignorar criterios ambientales en los pliegos y dejar fuera a cooperativas históricas como Gaza o las frutícolas del Bierzo.

Los docentes exigimos cláusulas que protejan el arraigo territorial, es un «sinsentido» que la Unión Europea nos «aconseje» organizar visitas a explotaciones locales mientras nuestro alumnado «consume» productos que viajan miles de kilómetros.

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Enseñar lo que la administración desmiente

Educamos a nuestro alumnado, tal y como marca el currículo oficial, en el consumo de proximidad, sano y saludable. Invertimos horas de clase en concienciar sobre la urgencia de eliminar la huella de carbono y tratamos de inculcar a los escolares la importancia de consumir frutas y verduras ecológicas, libres de plaguicidas.

Sin embargo, nos topamos con una realidad desoladora en los propios pasillos de nuestros centros: la Consejería que debería dar ejemplo es la primera en incumplir estos valores.

La Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural de Castilla y León ha adjudicado los contratos de suministro del Programa Escolar de Consumo de Frutas, Hortalizas y Leche a empresas externas radicadas en Valencia y Jaén. Hablamos de un programa financiado por el Fondo Europeo Agrícola de Garantía Agraria (FEAGA) con un presupuesto público de 536.229 euros para el lote hortofrutícola y 259.995,98 euros para el lácteo.

Su fin es encomiable: repartir de forma gratuita alimentos sanos a niños y niñas de 6 a 12 años fuera del horario de comedor. El problema no es el fondo, es una ejecución que da la espalda a nuestra tierra.

El «olvido» administrativo de la huella ecológica

Es cierto que, al tratarse de un concurso público abierto a nivel nacional y europeo, las leyes de libre comercio impiden vetar a empresas de otras regiones. Pero escudarse en la burocracia es una excusa cobarde. A la administración se le «olvidó» algo fundamental: incluir en los pliegos de condiciones apartados que valorasen el comercio de proximidad, el impacto del «kilómetro cero» o la penalización de la huella de carbono generada por el transporte masivo.

El pliego detalla con precisión quirúrgica que los alumnos deben recibir tres piezas de manzana, tres de pera y 60 gramos de zanahoria lavada, además de seis envases de leche entera de 200 ml. Sin embargo, no se incluyeron cláusulas administrativas que garantizaran obligatoriamente el arraigo territorial del proveedor ni límites estrictos a la contaminación ambiental. El resultado es dantesco: las etiquetas de las cajas de fruta que abren nuestros alumnos revelan que su origen es italiano.

Hemos financiado con dinero público costes logísticos desorbitados para traer peras y manzanas de Italia, mientras los huertos de nuestra comunidad se quedan sin dar salida a su producción.

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De la leche de Zamora a los camiones transoceánicos

La pérdida de rumbo es evidente si miramos atrás. En campañas anteriores, este programa funcionaba como un motor de economía circular: la cooperativa Gaza de Zamora suministraba la leche, y las cooperativas bercianas y segovianas aportaban la fruta de cercanía. Se apoyaba al sector primario y se ayudaba a fijar población en un medio rural de Castilla y León que agoniza por la despoblación. Hoy, todo ese tejido local ha sido suplantado por camiones que cruzan Europa.

La paradoja roza el absurdo cuando los docentes examinamos las «medidas de acompañamiento obligatorias» que la propia Unión Europea nos exige implementar en los colegios para poder recibir estas ayudas.

Las directrices nos «obligan» a organizar visitas pedagógicas a centrales hortofrutícolas y explotaciones lácteas cercanas. Se nos insta a llevar al alumnado a conocer la riqueza de la Marca de Garantía Valle de las Caderechas en Salas de Bureba (Burgos), la Finca La Rasa de Burgo de Osma en Soria, las instalaciones de Leche Gaza en Zamora, la cooperativa Puentesan en Gomecello (Salamanca) o Lactiber en León.

Una hipocresía que desarma a la escuela

¿Cómo le explicamos a un niño o a una niña de ocho años que por la mañana debe valorar el esfuerzo de los ganaderos y agricultores de su provincia, pero que a la hora del recreo la leche viene de Jaén y la manzana de Italia? Esta hipocresía institucional desautoriza la labor pedagógica del profesorado y convierte las directrices de sostenibilidad de la Junta en una burda operación de lavado de imagen.

La escuela no puede ser cómplice de una huella ecológica significativa e incompatible con el espíritu de los fondos europeos.

Exigimos una rectificación inmediata para las próximas licitaciones. Gobernar es priorizar, y proteger a nuestros productores locales mientras cuidamos el planeta no es una opción ideológica: es la base de la educación que queremos para el futuro de Castilla y León.

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