El curso termina, la lucha continúa

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El curso escolar termina, pero la lucha por la educación pública está lejos de haber concluido. Las movilizaciones desarrolladas durante los últimos meses en Cataluña, el País Valencià, Galiza, Aragón y Madrid han dejado una enseñanza fundamental: cuando el profesorado se organiza, se moviliza y ejerce presión colectiva, es capaz de arrancar conquistas y obligar a las administraciones a mover posiciones que parecían inamovibles.

Las reivindicaciones son claras. Es necesario avanzar mucho más en la reducción de ratios, aumentar significativamente las plantillas y dotar de recursos suficientes a la escuela inclusiva. También es imprescindible garantizar la recuperación del poder adquisitivo perdido y vincular la evolución salarial al IPC para evitar nuevas pérdidas en el futuro.

El pasado 9 de junio tuvo lugar en Cataluña la última jornada de huelga del curso, culminando meses de movilización, asambleas, acciones en los centros educativos y procesos de negociación. Con ello se cerraba un importante ciclo de lucha que ha permitido mejorar sustancialmente las propuestas iniciales de la administración y superar ampliamente el primer acuerdo firmado por CCOO y UGT en marzo.

Uno de los hechos más relevantes de este proceso ha sido la consulta realizada al conjunto del profesorado sobre un preacuerdo de mejora de las condiciones laborales. Por primera vez en décadas, miles de docentes pudieron pronunciarse directamente sobre una propuesta negociada. Aunque el resultado fue de rechazo mayoritario, el proceso ha supuesto un importante avance democrático dentro del sindicalismo educativo. La elevada participación, que alcanzó el 61,11 %, demuestra el interés del colectivo por intervenir activamente en las decisiones que afectan a sus condiciones de trabajo y al futuro de la enseñanza pública.

Tras el resultado de la consulta, las organizaciones convocantes decidieron poner fin a las huelgas durante este curso, emplazando al conjunto de la comunidad educativa a retomar la movilización a partir de septiembre. No se trata de una retirada, sino de una pausa táctica para reorganizar fuerzas, profundizar el debate colectivo y preparar nuevas iniciativas.

La manifestación celebrada el 14 de junio confirmó que existe una amplia voluntad de seguir avanzando. El profesorado ha dejado claro que las reivindicaciones no se limitan a una cuestión salarial. La escuela pública necesita más recursos, más personal especializado y una apuesta decidida por la inclusión educativa. No es posible construir una escuela inclusiva sin las condiciones materiales y humanas necesarias para atender adecuadamente al alumnado con necesidades específicas.

Por ello, USTEC abrió un nuevo proceso de consulta en los centros educativos que culminará con la Asamblea Educativa de Cataluña. Porque la fuerza del movimiento reside precisamente en la participación democrática, en el debate colectivo y en la capacidad de decidir entre todos los pasos a seguir.

Desde STEPV se ha valorado este hecho como una victoria parcial de la movilización y se exige la reapertura inmediata de las negociaciones para seguir avanzando.

El ejemplo valenciano: cuando la movilización obliga a rectificar

La experiencia del País Valencià ofrece otra demostración de la fuerza de la organización colectiva. El preacuerdo alcanzado el 29 de mayo entre los sindicatos convocantes y la Conselleria de Educación fue sometido a consulta entre el profesorado y también recibió un rechazo mayoritario.

Tras conocerse los resultados, STEPV, CCOO y UGT comunicaron la suspensión de la huelga indefinida iniciada el 11 de mayo. Sin embargo, el mensaje enviado por las bases fue contundente: las propuestas presentadas por la administración estaban muy lejos de responder a las necesidades reales de los centros educativos.

Las asambleas, las consultas y las movilizaciones han demostrado que el profesorado valenciano aspira a mucho más de lo que la Conselleria ha estado dispuesta a ofrecer. Y también han demostrado algo aún más importante: que los derechos laborales no se regalan, se conquistan mediante la organización y la lucha.

La huelga indefinida ha sido una auténtica lección de dignidad y conciencia de clase. Mientras miles de docentes llenaban las calles y sostenían el conflicto, la administración volvía a evidenciar sus limitaciones para negociar soluciones reales.

La mejor prueba del impacto de la movilización llegó el 12 de junio, cuando el presidente de la Generalitat Valenciana compareció públicamente para anunciar la aplicación de varias de las medidas contenidas en el acuerdo que los sindicatos ni siquiera habían llegado a firmar. Un reconocimiento implícito de que la presión ejercida por el profesorado había conseguido mover posiciones.

Una crisis educativa que recorre todo el Estado

Las protestas desarrolladas este curso en Cataluña y el País Valencià no son hechos aislados. Durante los últimos meses también se han sucedido movilizaciones en Galiza y Aragón, mientras en la Comunidad de Madrid se prepara una huelga indefinida unitaria para el inicio del próximo curso. Paralelamente continúa la lucha del sector de educación infantil de 0 a 3 años, uno de los más precarizados del sistema educativo.

Este ciclo de movilizaciones ha sacado a la superficie un malestar acumulado durante años. Un malestar que se expresa en los claustros, en las asambleas y en cada espacio de debate colectivo. La comunidad educativa reclama cambios estructurales y no simples retoques superficiales.

Las reivindicaciones son claras. Es necesario avanzar mucho más en la reducción de ratios, aumentar significativamente las plantillas y dotar de recursos suficientes a la escuela inclusiva. También es imprescindible garantizar la recuperación del poder adquisitivo perdido y vincular la evolución salarial al IPC para evitar nuevas pérdidas en el futuro.

Pero las demandas van más allá. El profesorado exige infraestructuras dignas, climatización de las aulas frente a las altas temperaturas, el mantenimiento de todas las líneas públicas, una mayor democracia en los centros educativos y una revisión profunda del papel que juega la enseñanza concertada dentro del sistema educativo.

Democracia sindical y organización colectiva

Otra de las grandes lecciones de este ciclo de lucha ha sido la importancia de la democracia sindical. Información transparente, debate abierto, participación real y consulta a las bases no pueden ser elementos excepcionales; deben convertirse en prácticas permanentes.

A pesar de las dificultades, el proceso vivido durante estos meses ha abierto una senda que difícilmente tendrá marcha atrás. Cada asamblea celebrada, cada consulta realizada y cada docente que ha participado activamente ha contribuido a fortalecer una cultura sindical más democrática y participativa.

Porque la verdadera fuerza de las organizaciones sindicales no reside únicamente en las mesas de negociación. Su fuerza nace de la afiliación organizada, de los claustros movilizados, de las concentraciones, de las manifestaciones y de las huelgas. En definitiva, de la capacidad colectiva de los trabajadores y trabajadoras para organizarse y defender sus intereses.

Esa es, probablemente, la principal victoria política de este curso.

El próximo curso empieza ahora

Las movilizaciones terminan temporalmente con el cierre del curso, pero el conflicto sigue abierto. La educación pública necesita un acuerdo amplio, con financiación suficiente, compromisos concretos y una auténtica visión de futuro.

Nada de ello será posible sin mantener y ampliar la organización colectiva. Por eso es fundamental que más docentes se afilien, participen activamente en sus sindicatos y contribuyan a definir las prioridades y estrategias de los próximos meses.

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