¡No te olvides de Palestina! #EscuelasPorPalestina

La comunidad educativa no puede permanecer en silencio ante el genocidio que Israel sigue perpetrando en Palestina. La educación para la paz, la no violencia y los derechos humanos no es solo una obligación ética, sino también legal.

Vivimos un momento de especial gravedad en el contexto internacional, marcado por la intensificación de conflictos armados en Oriente Medio, con focos de tensión en Irán y Líbano, y una situación extrema en Palestina que está provocando un sufrimiento insoportable en la población civil.

Diversos organismos internacionales y organizaciones de derechos humanos vienen alertando de violaciones graves del Derecho Internacional Humanitario, así como del papel determinante que están desempeñando potencias como Estados Unidos y el Estado de Israel en la escalada militar y en el sostenimiento de dinámicas de violencia estructural en la región. Este escenario, lejos de ser ajeno a nuestras aulas, interpela directamente a nuestra labor educativa.

En este contexto, la educación para la paz no es una opción, sino una responsabilidad ética, pedagógica y democrática. La LOMLOE establece entre sus fines el desarrollo de una ciudadanía crítica, comprometida con los derechos humanos, la justicia social y la convivencia democrática. Asimismo, el enfoque competencial del currículo incorpora de manera transversal valores vinculados a la cultura de paz, especialmente a través de la competencia ciudadana.

Nuestros centros educativos deben ser espacios de resistencia frente a la normalización de la guerra, la desinformación y los discursos que deshumanizan a pueblos enteros. El alumnado está expuesto diariamente a narrativas simplificadoras y, en muchos casos, sesgadas. Por ello, es imprescindible dotarlo de herramientas para analizar críticamente la realidad, comprender las causas profundas de los conflictos y posicionarse desde una ética basada en la dignidad humana y los derechos universales.

Hablar hoy de educación para la paz implica también señalar las responsabilidades políticas y económicas que sostienen los conflictos, visibilizar el impacto devastador que tienen sobre la población civil y promover una conciencia crítica que no sea indiferente ante la injusticia.

Como docentes de la educación pública, tenemos el deber de formar una ciudadanía capaz de cuestionar, de empatizar y de comprometerse activamente con la construcción de un mundo más justo. Esto requiere integrar de manera decidida la educación para la paz en nuestras programaciones, generar espacios de diálogo en el aula y fomentar prácticas educativas coherentes con estos valores.

Te proponemos algunos recursos didácticos que puedes difundir en tu centro educativo y llevar a cabo con tu alumnado:

¡Que Palestina no quede en el olvido!

Tanto el derecho internacional como las recomendaciones de la Unesco establecen que estos principios deben atravesar todo el sistema educativo, algo que recoge la legislación española vigente, incluida la LOMLOE, como pilares irrenunciables del currículo.

Ante las graves violaciones de derechos humanos cometidas por Israel en Gaza, la educación se convierte en una herramienta fundamental para frenar la deshumanización y defender la dignidad humana. Por ello, desde la Intersindical de Castilla y León hacemos un llamamiento a claustros y consejos escolares para que actúen desde principios éticos, humanitarios y de justicia, rompiendo el silencio y la indiferencia ante una violencia sin precedentes en el siglo XXI, que afecta principalmente a la población civil.

Miles de niñas y niños han sido asesinados, heridos o mutilados, y muchos otros han muerto a causa de la desnutrición derivada del bloqueo a la ayuda humanitaria. Estos hechos responden a una ideología racista y extremista que también tiene impacto en nuestras sociedades y espacios educativos. Es urgente que la educación, junto con la sociedad, los gobiernos y la Unión Europea, adopte medidas inmediatas para detener esta situación, exigir el respeto al derecho internacional y garantizar la protección reforzada que merecen los niños y las niñas en contextos de conflicto armado.

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