¿Y la educación? ¿Qué hemos aprendido para el futuro?»

«¿Sólo nos importan en esta desescalada los bares y el fútbol? Eso parece. Además de la permanente y creciente bronca política, por supuesto. ¿Y la educación? ¿Qué hemos aprendido para el futuro?»

«Los centros educativos necesitarán una amplia reestructuración, tanto en sus instalaciones como en su propia organización»

El mazo con aspecto medieval del coronavirus rompió muchos esquemas. Pero también se abría un nuevo libro. Para que pudiera leerlo toda la ciudadanía. Y la comunidad escolar. El confinamiento nos enseñó mucho sobre por dónde puede ir la educación. Otra cosa es lo que hayamos aprendido.

Otra enseñanza es posible

¿Cómo será la educación de mañana? Y cuando se dice «mañana» no se refiere al próximo septiembre (que también) sino a unos cuantos años vista. Se hacen muchas cábalas. Expertos que en siglos no han pisado una escuela se convierten ahora en profetas tan pronto tienen delante un micro y una cámara. Da igual sea videoconferencia desde su casa (con copiosa librería como telón de fondo) o llamada telefónica de la prensa diaria. La enseñanza será bimodal, dicen, presencial y a distancia. Es posible.

El número de alumnos en el aula será muy bajo.

Difícil, salvo que aumenten (y mucho) los presupuestos y estemos este verano con obras en todos los centros. Ni papel ni balones, anunciaba al mundo un diario amarillo. ¿Quién se lo cree? Porque si algo hoy parece estar claro ahora que se acabaron las certezas. Todo va a cambiar. O mejor, puede cambiar. Aunque ya veremos si cambia, cuánto uy hacia dónde cambia.

Pero hasta tanto cambie, convendría reflexionar un momento sobre un par de «evidencias» que la pandemia nos ha puesto delante de nuestros ojos. Tal vez así podríamos «anticiparnos» al futuro.

Competencias repartidas

Conviene poner la atención sobre la arquitectura actual de nuestro sistema educativo. Para entender algunas cosas que están pasando. Hay que recordar que las competencias en materia de enseñanza están repartidas y así van a seguir durante mucho tiempo. Por consiguiente, lo que vaya bien o vaya mal no puede achacarse a una sola administración. Sea la que sea y tenga el color político que tenga.

En un sistema tan descentralizado como el nuestro, las competencias educativas son compartidas entre el Estado y las comunidades autónomas. Además, hay que contar con la autonomía universitaria. Los errores o aciertos deberían ser también compartidos, sin eso quiera decir que cada palo no deba aguantar su vela. Pues parece que algunos no acaban de entender ese marco de juego, que tiene base en el texto constitucional.

Es «normal» que la gestión sea diferente de unos territorios a otros. Así está sucediendo en este final de curso y presumiblemente sucederá en el siguiente y en los siguientes del siguiente. Pues la gestión corresponde a las autonomías. Que ha habido fallos, por supuesto. Pero la «culpa» no puede echarse al Gobierno de la nación. Ni sobre los autonómicos, gobierne quien gobierne.

Dentro de su ámbito competencial, cada uno ha hecho lo que ha podido y sabido. Con mayor o menor acierto. Explicándolo mejor o peor a la sociedad, que esa es otra. Pero nadie estaba preparado para cerrar las escuelas y organizar, casi desde cero, una enseñanza a distancia para todos. Ni en la universidad, donde ya están más acostumbrados, ni mucho menos en los colegios de infantil y primaria. Sin tiempo para prepararse los profesores ni las familias. Los fallos eran poco menos que inevitables. ¿Qué hubieran hecho otros gobiernos en circunstancias semejantes? Lo mismo o muy parecido.

Por eso produce asombro en la inmensa mayoría de la sociedad española la bajeza de algunos políticos aguijoneados por ciertos medios de información-desinformación. La actitud de la clase política (y la aptitud de algunos) demuestra bien a las claras que en la escuela hay que implantar una asignatura obligatoria sobre ética y civismo. ¡A ver si aprenden convivencia!

Otras formas de enseñar y aprender

Y conviene pararse también a pensar detenidamente sobre la misión de la escuela en estos tiempos inciertos, presentes y futuros. El confinamiento ha demostrado que no todo está en los libros y que las aulas no son (no van a ser) el exclusivo espacio para la enseñanza y el aprendizaje. Hay otras formas de enseñar y de aprender. En la calle y las redes, sobre todo. Ya lo sabíamos o lo intuíamos, pero ahora se ha hecho evidente. Tampoco el currículo oficial lo es todo. Lo vienen demostrando desde hace años los postgrados de estudios propios de las universidades y los MBA de las escuelas de negocios. Incluso algunas actividades extraescolares en los niveles no universitarios.

Tienen más éxito que los programas encorsetados en los boletines oficiales. Ni el libro es un texto sagrado que hay que seguir al pie de la letra. En el confinamiento hemos pasado muchas páginas. Por tanto, habrá que revisar el currículo para «podar» contenidos con escaso valor pedagógico, fomentar nuevas metodologías didácticas y centrarse en lo realmente significativo. Aprendizajes dentro o fuera de las aulas.

Nuevos espacion, nuevas figuras

El espacio escolar seguirá siendo un excelente y necesario escenario para la socialización, sobre todo en las primeras edades. Pero se abren nuevos horizontes para navegar. Cambia el rol del profesorado, que dejará de ser un mero transmisor de conocimientos enlatados para convertirse en un mediador entre el alumno y los saberes que enfocan hacia competencias. La familia y otros agentes sociales tendrán una participación creciente no solo en lo educativo en su sentido más amplio sino en el propio terreno de lo escolar. En ese horizonte, los centros educativos necesitarán una amplia reestructuración, tanto en sus instalaciones como en su propia organización.

Habrá que incorporar nuevas figuras en su plantilla (sanitarios, por ejemplo) y revisar el tradicional concepto de tiempo y espacio escolar. El aula deja de ser el centro neurálgico de la actividad docente y la jornada y tiempo lectivo serán más flexibles.

Durante estos meses del estado de alarma se ha comprobado que la educación interesa poco. O mejor, que no es noticia. Porque en realidad interesa (y mucho) a cada cual. Pero ni sale en los telediarios ni da titulares llamativos. Los acaparan la vuelta del fútbol y de los turistas. Aunque, la verdad sea dicha, en este momento de crispación política, no viene nada mal. Hay demasiado ruido. Y para aprender se necesita reflexionar. Y para reflexionar, un poco de calma. ¿Qué hemos aprendido?

Jesus_Jimenez_Sanchez

Jesús Jiménez Sánchez

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