Queremos enseñar, pero no nos dejan. El descrédito de la figura docente y la falta de respeto hacia nuestra labor, compartida por alumnado y familias, no es sino el reflejo de una corriente global de desprecio al saber. El conocimiento representa, en última instancia, la única barrera frente al avance de la ignorancia y la barbarie; sin embargo, su menosprecio está cada vez más arraigado en nuestra sociedad.