El vomitivo señor Rajoy

No habla de los recortes de la libertad. Ni del desprecio a la cultura. Ni de la involución religiosa en la enseñanza. Ni del temor inoculado en los ciudadanos disconformes. Ni de los españoles que han tenido y tienen que emigrar.

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Arturo González. Periodista

Con todo descaro, perfectamente vestido y teñido, el señor Rajoy salió ayer a mentir de modo escandaloso en su explicación, y pretendida justificación, de la acción de su Gobierno durante el último año y pergeñando proyectos para el próximo. Porque silenciar, ocultar, hechos graves es una forma grave de mentir. En medio de una sarta de, según él, buenos resultados, olvidó-ignoró-ocultó la desigualdad económica sobrevenida y creciente entre los españoles.

Aun admitiendo que la situación pudiese haber mejorado, es evidente y constatable el empobrecimiento de España y, cifras cantan, la existencia de un 25 % de españoles viviendo en el arrabal de la pobreza. Presentar bondades y ocultar deterioros es seña de mal y fracasado gobernante. Hablar en chino, como dice un lector, sobre la macroeconomía es una artimaña estúpida. Mientras los efectos no lleguen a los destinatarios es indigno hablar de recuperación, puesto que los caminos de la economía son tan inescrutables como los designios de Dios. En lugar de responder solícito a las preguntas de los periodistas cuidadosamente seleccionados, debería contestar a Manololín, lector que con humildad y sinceridad explica “Hace tres o cuatro años que no hago vacaciones, hace tres años que no me he comprado nada de ropa, entrar a un bar a tomarme una cerveza, ya lo olvidé….si digo las veces que como pescado al mes, creo que nunca, y la ternera ya no me acuerdo a que sabe. Yo también tengo la esperanza, de que si no una revolución, un gran acto de desobediencia civil, para echar a esta gentuza que nos gobierna.

Tengo la sensación de que el gobierno y el PSOE tienen un as en la manga, para las próximas generales… Ya que no van a consentir perder, lo que tanto les ha dado, a ellos por supuesto”. Todo lo demás son vainas y camelos de bases previas y necesarias, dicen, para llegar a que los ciudadanos coman. Solo sabe hablar de que hay que aumentar la competitividad, pero nunca dice cómo. Siempre dice que el paro debe bajar, pero tampoco aclara nunca de qué modo lo va a conseguir sin nuevas industrias y tecnologías. Habla maravillas de su reforma laboral, pero no explica las sangrantes condiciones a las que ha sometido a los trabajadores ni de la inseguridad laboral y el temor al despido. Promete rebajas de impuestos, pero calla los nuevos recortes y tasas a los que se ve abocado. Es incapaz de tener la gallardía de reconocer dos o tres cosas que haya hecho mal. Todo va bien y los españoles han contribuido gustosamente a ello, pero no explica por qué, entonces, el año pasado hubo más de 30.000 manifestaciones de protesta. A los bancos y cajas había que rescatarlos para evitar pérdidas a los clientes, pero la broma ha costado 100.000 millones de euros y los banqueros y sus gentes salen reforzados en sus negocios e intereses particulares. Miente al decir que todos los países lo han hecho. Todo un escándalo inmoral, concediendo derecho de pernada a los reyes de las finanzas.

Porque la ética está alejada de su conducta de gobierno y ha cambiado las leyes a su gusto y conveniencia y pisoteando a los oponentes. Afirma que los corruptos ya no están en su partido, pero no cuantifica el número necesario de corruptos para que el partido sea responsable, ¿todos, quizá? No habla de la manipulación y ruina de la televisión oficial ni del control ejercido de hecho sobre los demás medios. Sostiene que todas las instituciones funcionan, cuando la gran mayoría de españoles entiende lo contrario. Habla, o mejor casi no habla, de la corrupción como si fuera un tema del pasado, estando en pleno estallido y siendo una de las principales quejas de los ciudadanos, a los que ignora. Habla de Libia y Ucrania, pero no de Israel y Gaza en su exposición, un pequeño olvido, y de evasiva cuando un periodista le pregunta. Ha abusado de su mayoría de una manera antidemocrática. La democracia consiste en votar cada cuatro años y después chitón. Va a cambiar el sistema de elección de alcaldes a medio partido para acoplarlo a sus previsiones y necesidades electorales, tergiversando las propuestas opositoras y las formas de otros países. No habla de los recortes de la libertad. Ni del temor inoculado en los ciudadanos disconformes. Ni de los españoles que han tenido y tienen que emigrar. Ni del desprecio a la cultura. Ni de la involución religiosa en la enseñanza. De Catalunya repite y repite que la consulta es ilegal. Cínicamente afirma que se puede cambiar esa legalidad, sabiendo que no se puede sin su voto. Miente e insulta a los catalanes, provocando un futuro incierto y conflictivo.

Con todo respeto, a mí me parece que el señor Rajoy es vomitivo porque engaña a los españoles y los ha sometido a un sufrimiento arbitrario.

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Gota PUJOL-POLICÍA: Gran titular en primera página del diario El Mundo: La Policía calcula que los Pujol tienen en Andorra ‘al menos 500 millones’.

 

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