PRIVATIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA (también la Universidad): la burbuja de las universidades privadas.

El vicerrector de Investigación de la UPNA, Alfonso Carlosena, lamenta las dificultades para apostar por proyectos innovadores desde las universidades públicas, por la falta de dinero, la gestión de los recursos y la escasa salida al tejido empresarial.

Hace tiempo que nuestro sindicato viene denunciando la PRIVATIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA y queremos dejar claro que también en el ámbito de la Universidad Pública se está dando el mismo proceso que en la enseñanza no universitaria: el progresivo cambio del modelo de Universidad pública y gratuita a un modelo no gratuito y a la burbuja de las universidades privadas. Este artículo habla de ello en relación con la Universidad Pública de Navarra (UPNA) y con el resto del país.

“Los cambios normativos en Educación se lo ponen más fácil a las universidades privadas”

Sobre los problemas para retener a los investigadores jóvenes, este representante del equipo directivo reconoce el “desánimo” de los estudiantes porque en las universidades públicas “no hay oportunidades”.

Carlosena afirma, en cuanto a la escasa apuesta en España por la investigación, que “estamos en un tiempo en el que todavía la situación puede retornar, pero no podemos esperar mucho más”.

El vicerrector de Investigación de la UPNA, Alfonso Carlosena

 

La Universidad Pública de Navarra (UPNA) está embarcada ahora en la creación de unos institutos de investigación que, en principio, este mismo otoño permitirían coordinar mejor a los grupos de diferentes ámbitos y, además, facilitar que las empresas sepan a qué puerta llamar. Este es uno de los pasos más novedosos de la UPNA, cuyos órganos rectores, por otro lado, han lamentado las limitaciones que sufren para poder impulsar la investigación. Esa que no da réditos inmediatos, que requiere paciencia a unas instituciones que no la tienen. El, por así decirlo, ‘número dos’ del actual equipo directivo (que afronta el último año de su segunda legislatura), el vicerrector de Investigación de la UPNA, Alfonso Carlosena (San Martín de Unx, 1962), explica los problemas que padece el centro navarro y otros similares para hacer frente a la subida de tasas, la competencia de los recintos privados y la sensación entre los jóvenes investigadores de que, en las universidades públicas, “no hay oportunidades”.

¿En España  se ha perdido la paciencia con la investigación?

Desde que uno empieza un proyecto hasta que tiene resultados tangibles, pasa un tiempo. Es verdad que cada vez se intenta que ese tiempo sea menor, sobre todo cuando se trata de investigación aplicada, para que los resultados tengan un valor social y económico más inmediato. Pero es cierto que cualquier acción que se adopte en investigación tarda en notarse. Y, ¿qué pasa en las universidades? Pues que no hay una plantilla de investigadores específica, sino que los profesores tenemos actividad docente. Y, debido a las jubilaciones y salvo por la pequeña tasa de reposición, ahora contamos con menos investigadores.

Uno de los últimos balances en la UPNA era de una incorporación frente a 18 bajas en los últimos años.

En los últimos dos o tres años ha habido del orden de 50 bajas, e incorporaciones nuevas ha habido cuatro. La desproporción es tremenda. Pero, aparte de eso, también ocurre que, por las restricciones presupuestarias, muchas convocatorias de investigadores en formación, de contratos pre-doctorales, han ido desapareciendo. Navarra, por ejemplo, es una de las comunidades autónomas donde no hay convocatorias. Los investigadores jóvenes ya no tienen oportunidades de formarse. Así que, por arriba con las jubilaciones, y por abajo con la falta de incorporaciones, estamos en un problema. Y luego está una tercera vía, que es la de los investigadores que han sido ayudantes, y llega un momento en que su carrera se trunca, porque no tienen opción de integrarse en ninguna universidad española.

¿Los jóvenes tienen que pensar que, si apuestan por la investigación, tendrán que mudarse al extranjero?

Desde luego que hay una movilidad de los jóvenes, no solo de los investigadores, sino en general. Y los que ahora están terminando su formación investigadora aquí, están yéndose. Si quieren seguir, aquí no hay oportunidades. En España hay una situación que no ocurre en otros países, y es que dos tercios de la investigación, por lo menos la básica, se hace en las universidades. Y no hay huecos. Porque nuestro sistema productivo empresarial realmente tiene una capacidad de innovación e investigación muy reducida, y, por tanto, tampoco absorbe a esos jóvenes. También hay que tener claro que, para los investigadores, el futuro no tiene por qué ser la universidad; y, de hecho, estamos haciendo un esfuerzo para que haya más doctores que vayan al tejido productivo, pero este no los absorbe. El de nuestro país, por lo menos.

Pero llevábamos años hablando en España de I+D+i. ¿Se nos llenaba la boca con esta apuesta? Porque, si no se mantiene ahora, ¿para qué ha servido?

Siempre he creído que, en España, los gobiernos no se han tomado la investigación del todo en serio. Es verdad que, desde la Ley de la Ciencia, allá por 1986 [se refiere a la Ley de Fomento y Coordinación General de la Investigación Científica y Técnica], la situación ha mejorado muchísimo, pero no nos lo acabamos de creer. Para ser potentes en investigación, hay que invertir mucho más. Los países que más han avanzado en este campo, caso de Corea, Brasil, China o los países árabes, así lo están haciendo.

¿Durante cuánto tiempo vamos a pagar las consecuencias de la crisis y cómo se ha reducido la investigación?

[Coge aire]. Estamos en un tiempo en el que todavía la situación puede retornar, pero no podemos esperar mucho más. Porque también hay un elemento de desánimo importante. Cuando uno ve que hace un trabajo que no es valorado, se pregunta qué sentido tiene esto. Y, además, a todo ello se suma que, si dos tercios de la investigación se hace en las universidades, y la presión docente es cada vez mayor, eso va en detrimento de la investigación. Y lo deseable sería tener una plantilla estable de investigadores, que hagan carrera en las universidades, pero eso, a día de hoy, es impensable. Las universidades nos nutrimos de fondos públicos, y estos se otorgan en función de la actividad docente. Hablamos de número de alumnos, de titulaciones… y lo que queda libre, se investiga. Pero nada más.

El rector, Julio Lafuente, habló, durante la apertura del presente curso y frente a la presidenta del Gobierno de Navarra, de la necesidad de garantizar la financiación de la universidad con planes plurianuales. Ahora mismo, ¿van al año?

Aquí, siempre, salvo alguna excepción, hemos tenido un presupuesto anual; y que, además, nunca se ha cumplido. Para la investigación es un caballo de batalla: esperamos a principios de año para saber el presupuesto para lanzar acciones de investigación, pero luego hay que superar muchos filtros públicos y controles, así que hasta que podemos repartir el dinero nos ponemos antes del mes de mayo. Y, luego, hay que gastarlo antes de noviembre porque, si no, se acaba el ejercicio. Las condiciones de tiempo son muy restrictivas, y no podemos tener una planificación de varios años.

En investigación, la universidad debería apostar por algo novedoso. Pero, si no hay una posibilidad de financiación de partida, si no hay un colchón económico, no hay manera

Pero desde la propia Universidad se estudiaba la posibilidad de no depender únicamente de fondos públicos, sino de captar también financiación de otro tipo de vías. ¿Ha habido avances?

Los poderes públicos nos dicen que busquen financiación privada, pero las entidades privadas también nos piden que nos arriesguemos. Y nosotros no podemos financiar un proyecto de riesgo.

Entonces, en lugar de arriesgarse con la innovación, la propia universidad apuesta sobre seguro…

Efectivamente. Yo creo que la universidad debería apostar por algo novedoso, que suponga un salto cualitativo importante. Pero, si no hay una posibilidad de financiación de partida, si no hay un colchón económico, no hay manera.

Hablaba antes de la carga docente de los investigadores. Sin embargo, ¿las tasas no han reducido el número de alumnos? Ahora la UPNA ronda los 8.200…

En todo el Estado hay una reducción del número de alumnos, pero aquí el número se mantiene o ha habido un pequeño incremento. No obstante, como hace poco apuntó el ministro en Toledo, hay que recordar que la población en edad de estar en la universidad se ha reducido en torno a un 3%, y, sin embargo, la población universitaria ha decrecido un 0,8%.

Si aumentan las tasas, ¿no resulta más difícil para la UPNA competir con la Universidad de Navarra?

Está claro que todos estos cambios, yo no juzgaré si es intencionadamente o no, a quien favorece es a las universidades privadas. Todos los cambios normativos se lo ponen más fácil a ellos. Primero, porque el sistema público cada vez es más caro y, luego, porque ciertas trabas que se producen en el sistema público no se producen para las privadas. La prueba evidente es que hemos pasado de tener unas pocas universidades privadas a tener 32.

¿A qué trabas se refiere?

Por la propia estructura de gobierno de las universidades, donde cualquier cambio, como la propuesta de un nuevo título, requiera unos procedimientos de autorización complejos. Y la propia comunidad autónoma filtra eso y, después, el Ministerio. Pero las universidades privadas no están sometidas a los mismos controles, y lo tienen mucho más fácil.

Una de las promesas de este equipo directivo de la UPNA era apostar por el grado de Medicina. ¿Ahora mismo es impensable?

A ver, en el Plan de Salud de Navarra aparece como una propuesta. Nosotros no somos inconscientes y, probablemente, este no sería el momento. Pero seguimos defendiendo que Medicina puede ser una titulación, como también Psicología y otras titulaciones de Ciencias Básicas.

¿Se puede pensar ahora en aumentar los grados?

Hombre, si pensamos en Psicología, nosotros lo defendimos, aquí no ha sido ni planteable y, sin embargo, la Universidad privada lo ha implantado. Hay una necesidad social y, sin embargo, la estamos convirtiendo en un negocio. Un negocio lícito, ojo, que yo no voy a cuestionarlo.

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