Elecciones. Aquí y ahora la política democrática.

Nuestra democracia representativa mejoraría en serio si se favorece la participación ciudadana, la implicación de la ciudadanía en los asuntos de la polis y si se practica el diálogo con la sociedad civil organizada más allá de demandarla un voto cada cuatro años

En estos últimos años, ante la profunda crisis económica y financiera, los Gobiernos Centrales, Autonómicos y Locales han impuesto, bajo los dictados de la Comisión Europea Pedro_Escolar_Izquierdo(UE), el BCE y el FMI, duros planes de ajuste fiscal que, por la vía del recorte del presupuesto y de la adopción de medidas impositivas, han pretendido contener el déficit presupuestario de las administraciones públicas en los porcentajes acordados en el Programa de estabilidad por nuestros Gobiernos con la Unión Europea, aunque la deuda pública ha seguido creciendo imparable. Han sido y son tiempos difíciles con unos recortes a nuestro modelo social sin precedentes. Los recortes salariales, laborales y sociales, los recortes democráticos (derecho a la negociación colectiva, suspensión de acuerdos, decretazos, incumplimiento de los programas – fraude electoral…) se han instaurado en el día a día.

Si a ello se suma la falta de ejemplaridad de muchos representantes de la llamada clase política, traducida en innumerables casos de corrupción en todos los partidos que han gobernado y de los representantes de otras muchas instituciones de nuestra democracia (casa real, banca, organizaciones empresariales y sindicales) y se suman también el derroche y malgasto de los dineros públicos, los rescates a los responsables de la crisis financiera, las amnistías fiscales para los que engañan a la hacienda pública, la falta de voluntad para perseguir los paraisos fiscales y el fraude fiscal y para hacer pedagogía sobre los impuestos, la crisis económica se ha convertido en una profunda crisis política y social.

Estas políticas impuestas y las maneras de hacer esa política en nuestro país están contribuyendo a la pérdida de confianza de la ciudadanía en los dirigentes políticos que están gestionando así esta crisis y está provocando el surgimiento de nuevas fuerzas que pueden producir importantes cambios en el arco de la representación parlamentaria. Pero de no acometer con seriedad la regeneración de nuestra democracia representativa, por mucho cambio en el tablero, peligrarán los cimientos de nuestro sistema democrático y social. Peligrará la política democrática. Ya veremos si aumenta la participación en las próximas elecciones, lo que sería síntoma de que el desapego no lo es aún con el sistema democrático. Pero el CIS nos sigue avisando.

A la pregunta: ¿Cuál es, a su juicio, el principal problema que existe actualmente en España? ¿Y el segundo? ¿Y el tercero?, desde hace más de dos años y hasta el último Barómetro de Opinión del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de febrero de 2015 el paro sigue siendo el principal problema para el 79 % de los encuestados, seguido de la preocupación por la corrupción y el fraude, que ha aumentado mes a mes y se ha convertido en el segundo principal problema para los españoles. La corrupción y el fraude fueron es el segundo problema en importancia para el 49% de los cuestionarios (en enero de 2013 lo era para el 17,7%) La corrupción y el fraude han desbancado de la segunda posición a los problemas económicos, que pasan a ocupar el tercer lugar con el 25%. Los políticos y los partidos son el cuarto problema en importancia enumerado por el 30% hace dos años, aunque ha caido al 20% en el último barómetro de 2015. La sanidad sigue como quinto para el 12% de los encuestados. Los problemas de índole social se sitúan en sexto lugar con el 10,5%. La preocupación por la situación de la educación ocupa el séptimo lugar, aunque ha aumentado en dos años del 6% hasta 9,5% entre los preguntados.

Nuestra democracia representativa mejoraría en serio si se favorece la participación ciudadana, la implicación de la ciudadanía en los asuntos de la polis y si se practica el diálogo con la sociedad civil organizada más allá de demandarla un voto cada cuatro años. Diálogo social y participación, más allá de hablar y acordar con algunas centrales sindicales y la patronal, que han logrado altas cotas de poder derivado de la práctica de un modelo de negociación exclusivo y excluyente, con unas ejecutivas alejadas de la base social y de los centros de trabajo, con un modelo de financiación pública y de derechos de representación privilegiado y excesivo, a cambio de una paz social con pies de barro y que pasados los tiempos de vacas gordas se ha resquebrajado. Toda la sociedad civil debe implicarse y el poder político favorecer su participación si queremos una democracia más cercana y en la que no se oigan gritos de no nos representan.

El ejercicio de la política también mejoraría …

Si los partidos políticos se democratizan y renuncian, sin dejar de hacer políticas, a acaparar todo el poder que les ha prestado la ciudanía, evitando la politización de la administración y contando con los funcionarios públicos y favoreciendo su carrera administrativa, evitando la politización de la justicia y de la prensa.

Si lo dirigentes, si los representantes políticos, en tanto que servidores públicos, dan ejemplo. Lo sabemos por experiencia en las escuelas y en las familias: se aprende y se educa con el ejemplo. El derroche, la malversación de los recursos públicos, los sobresueldos opacos o la mano en el cepillo son poco edificantes siempre, pero encienden más cuando para la mayoría social se recetan por decreto recortes sociales y laborales. Habrá que seguir avanzando en la prevención y persecución judical de las prácticas de corrupción y en la recuperación de los dineros sustraidos.

Si se favorece la transparencia en la información sobre las actuaciones de las administraciones. La clave está en la transparencia en los datos, en la información abierta a la ciudadanía, lo que favorece el control del poder político emanado de las urnas, que no deja de ser un poder prestado y sobre el que los partidos políticos que lo encuazan han de rendir cuentas. Información presupuestaria actualizada, datos abiertos de las plantillas y otros recursos disponibles, webs que más allá de canalizar una opinión o una propuesta ofrezcan información abierta sobre expedientes, contratos y adjudicaciones públicas. Lo que permitiría una evaluación rigurosa de las políticas y medidas que se ponen en marcha. Explicar, hacer balance. Hacer pedagogía y evitar la pura propaganda. Los modos políticos mejorarían con la práctica comunmente consensuada que señala la necesidad de evaluar antes de acometer nuevas medidas. Sirva como ejemplo negativo paradigmatico la aprobación de la LOMCE.

Si se practica la coherencia para evitar decir una cosa y la contraria y sobre todo, para evitar decir una cosa y hacer la contraria Si se practica la seriedad programática diciendo cómo se pagarán las medidas propuestas. Los programas electorales y el cumplimiento de las promesas se convertirán por ello en prueba de algodón, de manera especial para aquellos nuevos partidos que aspiren a lograr la aprobación ciudadana y más tras los recientes fraudes vividos en 2010 y 2012.

Si se rehuye en el discurso político el trazo grueso, la descalificación rotunda del adversario y el insulto. Si se apuesta por el diálogo y la búsqueda de consensos. Si se recuperan las convicciones que nos guiaron al comienzo de nuestra más reciente etapa de democracia: la búsqueda del bienestar social de la ciudaddanía, la conquista de derechos y libertades, la prioridad por las personas y grupos más desfavorecidos y la igualdad de oportunidades, la garantía de unos cimientos sociales sólidos para garantizar el derecho al trabajo, a una vivienda digna y a los servicos públicos esenciales: educación, sanidad y protección social.

Pero aquí y ahora la política democrática ganará en calidad si, en este difícil y complejo contexto, con una representación política muy fragamentada como se avecina, las fuerzas políticas que salgan de las urnas hacen de la necesidad virtud y favorecen consensos y acuerdos de gobernabilidad con una serie de denominadores comunes: gobiernos más diálogantes para buscar acuerdos sobre políticas más justas y equitativas para superar la crisis; puesta en marcha de las medidas que avancen en la regeneración democrática y en la prevención y persecución de la corrupción política, empresarial y sindical; credibilidad moral y liderazgo a los que nos representan en los poderes públicos y en las diversas instituciones representativas de nuestro ordenamiento constitucional, nuevo consenso social para que los sacrificios sean compartidos, en especial por los que más tienen; en fin, acordar otras políticas y otras maneras de hacerlas. Lo que es posible a la vista de la coincidencia de los razonables discursos y medidas sobre regeneración política que están planteando los distintos partidos durante estos días de campaña electoral. La teoría se la saben y parece haber felizmente coincidencias.

De no ser posible este tipo de consensos y si los acuerdos sólo persiguen aislar al adversario y un reparto de cargos, las encuestas de opinión seguirán plasmando la desaprobación mayoritaria de la ciudadanía de los políticos y de sus maneras de hacer la política, y lo que es peor, la desafección hacia nuestro sistema democrático y las instituciones y grupos sociales que lo sustentan: ayuntamientos y autonomías, gobierno del estado, parlamentos, sindicatos, patronales e instituciones financieras.

Pedro Escolar.
Enseñante.
Blog: Lápiz, goma y sacapuntas.
www.ultimocero.com

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