El 20% de los chicos cree que la violencia de género es un invento ideológico

  • Invento ideológico: Este es uno de los muchos datos que aporta el informe «No es amor», publicado recientemente por la ONG Save the Children.
  • En él han hecho un repaso a las ideas y realidades de la violencia de género en la adolescencia para constatar que los discursos de la extrema derecha van calando entre la población más joven.
  • Se constata que las niñas y jóvenes menores de 18 años quedan en gran medida fuera del foco de las campañas y recursos contra la violencia de género.

Carla empezó a salir con un chico de su clase cuando tenía 13 años. Al principio la relación iba bien, pero entonces empezaron los celos y enfados. Él quería controlar todo lo que ella hacía, cómo debía vestirse y con quién podía quedar. Ella tardó en darse cuenta de que todas estas actitudes también eran una forma de maltrato.

La Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2019, por ejemplo, indica que las adolescentes de 16 y 17 años han sufrido violencia física por parte de parejas o exparejas (6,2%), violencia sexual (6,5%), violencia emocional (16,7%) y violencia psicológica o de control (24,9%).

La encuesta Percepción de la violencia de género en la adolescencia y la juventud elaborada por el Ministerio de Igualdad español señala que, en pleno 2021, uno de cada cinco chicos de entre 15 y 29 años considera que la violencia de género no existe y que es un “invento ideológico”.

Datos preocupantes y desalentadores

Los datos no son buenos. De hecho, resultan un tanto desalentadores. Un porcentaje nada desdeñables de chavales jóvenes cree que la violencia de género (VG) es un invento ideológico. De una manera u otra han comprado el discurso de la extrema derecha que habla de ideología de género y reniega del hecho de que las mujeres son violentadas por el mero hecho de serlo. También esto ocurre entre las adolescentes, aunque en una proporción mucho menor.

Según los datos que maneja Save the Children, el 20% de los chicos cree que no existe, que es un invento ideológico. Entre las chicas, quienes están de acuerdo con estas afirmaciones, están el 9,3%. A la gravedad de estas cifras hay que sumar el hecho de que entre la última cfra disponible y esta ha peasado poco tiempo y se ha duplicado el dato.

De normal a negacionista

Además de quienes niegan la mayor de la existencia de situaciones violentas (física, psicológica o sexualmente), hay una proporción de jóvenes que creen que algunas de ellas, además, son inevitables. Así, un tercio de los jóvenes cree que el control que se ejerce sobre la pareja es algo «normal»: control en relación a los horarios, a quién puede o no puede ver, sobre su vestimenta, sobre sus estudios…

En el caso de los chicos, el 24% cree que la VG es inevitable y que siempre ha existido (14,7% de las chicas están de acuerdo con esto), mientras que para el 15% de los chicos los casos de VG de poca intensidad, en realidad, no son un problema (las chicas lo creen en un 7%).

Identificación

Queda mucho trabajo por hacer en la identificación, por parte de las chicas, de las situaciones de violencia que puedan estar viviendo en sus relaciones sexo-afectivas. Muchas de ellas, como en el caso de ellos, no ven qué es violencia. En cierta medida porque entienden que la VG afecta a mujeres más mayores, no a ellas, y porque, también en cierta medida, la mayor parte de los esfuerzos de la Ley integral sobre VG se centra en las adultas y deja fuera de estudios y actuaciones a las adolescentes.

Estas son algunas de las conclusiones del informe de Save the Children, No es amor, en el que desgrana algunos de los datos y situaciones que las chicas adolescentes están viviendo hoy por hoy en nuestro país.

Como ha explicado Andrés Conde, presidente de Save the Children, las relaciones afectivo-sexuales durante la adolescencia están marcadas por unas características específicas que están ayudando a la situación de VG que viven muchas jóvenes: la intensidad con la que se viven, ha explicado, «puede justificar las primeras agresiones»; además, son relaciones muy medidas por las redes sociales que durante la pandemia y, especialmente, el confinamiento han ganado un protagonismo extraordinario. Otras características que se dan entre las y los adolescentes podrían ser la falta de percepción como víctimas y agresores o que se perciba la violencia de control como algo natural, no como un problema. Algo que también pasa con la violencia sexual, seguramente, por culpa del consumo de pornografía.

Pornografía

Según una encuesta realizada hace algunos meses por la ONG, un 71% de los chavales (28,8% en el caso de ellas) consume pornografía diariamente y esto está repercutiendo en sus relaciones sexuales. La pornografía se ha convertido de esta manera en la «referencia básica en términos de conducta sexual, a pesar de ser percibida como sexista y violenta», explicaba Conde.

Programas, recursos  y sensibilización

Para Catalina Perazzo, responsable de políticas de infancia de la organización, existen instrumentos para frenar esa ola de negacionismo por parte de un porcentaje elevado de chicos. También de chicas. La primera de ellas es que la Ley de protección a la infancia recién aprobada se despliegue en toda su capacidad. Para ello deben ponerse en marcha campañas de sensibilización, así como programas de educación afectivo-sexual y deben contar, además, con una financiación suficiente. Para Save the Children, esta financiación debería rondar los 155 millones de euros, algo que está muy por enicma de lo que han podido ver en el proyecto de Ley de PGE para 2022.

Además de esto, también señalan la necesidad de desarrollo de medidas previstas en la Lomloe como las de educación afectivo-sexual o la formación en el uso de las TIC entre chicas y chicos. Otras medidas pasarían por generar protocolos de prevención y protección, programas de reeducación para agresores, mecanismos de denuncia seguros para las chicas jóvenes.

Desde la organización también apuestan por dar a las familias los recursos educativos necesarios para intentar prevenir la VG. No solo dejar esto en manos de las autoridades o de los centros educativos. Por eso han publicado una serie de recursos de apoyo a las familias para que puedan abordar en casa temas relacionados con la sexualidad, el ciberacoso o la coeducación.

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Violencia en el ámbito digital

Las nuevas tecnologías y las redes sociales están cada vez más presentes en la vida de los adolescentes y eso tiene consecuencias. Por un lado, se normalizan algunos usos de riesgo como compartir información personal, fotos o la ubicación, lo que puede poner a las personas en situación de vulnerabilidad.

Por el otro, las redes permiten que el agresor pueda ejercer la violencia de género a distancia, ya sea a través del control o con insultos. Además, también dificultan poder romper con la relación de forma definitiva, ya que el agresor puede seguir acosando a la víctima por diversas plataformas o hacerle daño mediante el chantaje o la humillación.

Las redes sociales han dado pie a nuevas formas de violencia de género, como la cibermisoginia o la ciberviolencia simbólica, que perpetúan los comportamientos y actitudes machistas entre los internautas. Además, la proliferación de contenidos pornográficos en internet denigra la figura de la mujer y fomenta la desigualdad de género entre millones de usuarios.

El acoso sexual también se ha extendido al ámbito digital, un mundo en el que es muy difícil mantener la privacidad y en el que es muy fácil crear perfiles e identidades falsos. Por eso es tan importante mantener una actitud crítica, no compartir nuestra información con gente desconocida y saber separar entre la vida real y nuestra identidad digital.

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Más allá de la violencia física

Se calcula que una tercera parte de las mujeres en todo el mundo han sufrido alguna vez violencia física o sexual, el tipo de violencia que generalmente se asocia a la violencia de género. Son datos de ONU Mujeres sobre la situación en 106 países, aunque no reflejan la realidad porque muchos casos se esconden y no están denunciados.

No obstante, la violencia física es solo la punta del iceberg del resto de violencias que sufren las niñas, las adolescentes y las mujeres, tal y como apunta el estudio de Save The Children.

La mayoría de jóvenes identifica la violencia de género como violencia física y sexual, pero solo 1 de cada 3 adolescentes reconoce que la violencia psicológica y el control también forman parte de la violencia de género. En la misma encuesta, una tercera parte de los jóvenes considera “inevitable” o “aceptable” controlar los horarios de la pareja, evitar que vea a su familia o amistades, o incluso decirle qué puede hacer y qué no.

En la actualidad, la igualdad de género y la no discriminación están en el centro del debate. Son valores que se reivindican constantemente desde los medios de comunicación y en la vida pública, en manifestaciones y protestas. Y, sin embargo, sorprende ver que las actitudes y comportamientos machistas crecen entre los más jóvenes.

La adolescencia es una etapa clave en la formación de una persona. Es cuando construimos nuestra identidad y personalidad, cuando desarrollamos al máximo nuestras capacidades y, al mismo tiempo, somos más vulnerables a la presión social y de nuestro entorno más directo. Por eso es tan importante vivir una adolescencia libre de violencia y en la que nuestros derechos sean respetados.

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