La administración nos da la espalda
El 85,83% de los 13.213 docentes encuestados por STEs-i sentencian: “la Administración nos da la espalda”. Existe una falta de preocupación por nuestras necesidades reales. Cuando sufrimos problemas de convivencia o conductas disruptivas, en lugar de ofrecer recursos, se opta por culpabilizar a la víctima, cuestionando nuestras competencias pedagógicas. El resultado es un colectivo sumido en el hastío y la indefensión, que teme pedir auxilio para no ser tachado de incompetente.
La «falta de apoyo institucional» es una preocupación mencionada en la encuesta. Se exige un clima de confianza mutua y colaboración entre todos los estamentos administrativos, pero la realidad es muy diferente. El trato directo con la Inspección educativa debería ser de asesoramiento y orientación para el profesorado; sin embargo, el día a día demuestra que el personal docente percibe su comportamiento como una «fiscalización intimidatoria» por parte de un cuerpo alejado de la realidad, fuertemente jerarquizado y cuyas jefaturas son nombradas por libre designación, lo cual enrarece todo el sistema.
Conviene subrayar un problema añadido: el hecho de que se realice una selección del director o directora en lugar de una elección, como defienden los STEs. De este modo, la persona seleccionada pasa a ser representante de la Administración antes que representante del centro.
El resultado es una «dirección rehén» de la legislación, de la Administración educativa, de los programas institucionales y de una dotación económica escasa, casi siempre finalista y con poca flexibilidad organizativa. Se dirige sin apenas autonomía y con muy poco margen decisorio, bajo la «espada de Damocles» de la consolidación salarial supervisada por la inspección
Existe una clara falta de preocupación por nuestras necesidades y sentimientos a la hora de impartir las clases. Nos convocan continuamente para discutir sobre materiales, nuevas pantallas, medidas informáticas o herramientas de evaluación; sin embargo, nunca se detienen a considerar el estado emocional del profesorado ni a preguntarse qué necesitamos realmente para garantizar la tranquilidad y un buen clima en las aulas.








