Los alumnos que precisan un apoyo extra en las aulas rozan el 8%

La escuela pública es la red que soporta el peso de esta diversidad. La estadística del Ministerio pone de relieve que el 74,4% de los alumnos con necesidad de apoyo los asume la enseñanza pública (20.723 para ser exactos). El resto, 7.117, acuden a la privada o concertada.

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Sandra, Laura, Tomás… comparten pupitre con sus compañeros de Primaria cada día, pero algo les diferencia. Necesitan un pequeño (o gran) empujón para sortear sus desventajas y conseguir que la escuela no les acabe ‘arrollando’. Pertenecen a ese ‘arco iris’ de diversidad que se sienta en las aulas y al que la Administración y profesorado deben de dar respuesta.

Son alumnos con necesidades de apoyo educativo. 27.840 niños o adolescentes en total requirieron durante el curso 2016-2017 en Castilla y León una atención más personalizada, según la última estadística publicada por el Ministerio de Educación.

En ese gran grupo heterogéneo, los hay sin aparentes ‘carencias’, pero también con necesidades especiales por su discapacidad visual, auditiva, intelectual… o por presentar trastornos graves de conducta o de desarrollo. Los hay que tienen necesidades específicas por un retraso madurativo. por dificultades en el lenguaje, por trastornos en el aprendizaje o con situaciones de desventaja social. Y también están aquellos con altas capacidades o los que se han incorporado tarde al sistema.

Todos ellos conforman una amalgama de distintas realidades que, en números, significa que el 7,9% del total de alumnado matriculado en las etapas preuniversitarias precisan de apoyo educativo. Esta cifra trasladada a una clase tipo de 25 alumnos supondría que dos compañeros tienen algún tipo de necesidad extra.

Este porcentaje sitúa a Castilla y León prácticamente a la misma altura de la media nacional (7%) y la coloca como la novena autonomía con un mayor peso de este tipo de alumnado sobre el global matriculado. Nada que ver con el 18,7% de Navarra o el 14% de Murcia.

Lo que sí le diferencia de España es la evolución numérica que están teniendo estos alumnos. Castilla y León resulta ser la Comunidad que más rebajó en el curso analizado su número total de alumnos ‘etiquetados’ con necesidades de apoyo. Lo hizo en un 6,9% en un solo curso.

Sorprende esta caída, máxime si se compara con el contexto de aumentos generalizados que protagonizan el resto de autonomías, salvo en Cantabria. Prueba de ello es que la media de España se incrementó en un curso en un 5,4%.

Esta reducción daría la razón a aquellos que, como Stecyl, apuntan a que los equipos de orientación educativa están «desbordados» en Castilla y León y reclaman una mayor ratio de profesionales que detecten necesidades e intervengan cuando se presenten, así como formación permanente al profesorado sobre la atención a la diversidad. No en vano, son los tutores los que, en muchas ocasiones, abren o cierran la puerta a que un alumno sea valorado.

En la actualidad, la Consejería cuenta con una plantilla de 772 orientadores, la mayoría psicólogos y pedagogos. Aunque el consejero de Educación, Fernando Rey, aseguró en marzo de este año que se trata de una «cobertura óptima», sí anunció la contratación de 43 nuevos profesionales antes del curso 2021-2022 con el objetivo de que «como mínimo exista un orientador por cada 500 estudiantes».

Es la escuela pública la red que soporta el peso de esta diversidad. La estadística del Ministerio pone de relieve que el 74,4% de los alumnos con necesidad de apoyo los asume la enseñanza pública (20.723 para ser exactos). El resto, 7.117, acuden a la privada o concertada.

Puestos estos datos en relación con el número de matriculados en cada red, se observa que los alumnos que precisan apoyo representan el 8,68% del total de estudiantes que van a un colegio o instituto público. En los centros privados, solo el 6,3%.

Aún así, y en líneas generales, puede asegurarse que Castilla y León es una Comunidad ‘inclusiva’. No aísla, al menos sobre el papel, a sus alumnos con distintas capacidades. El 86% de ellos se encuentra estudiando en aulas ‘normalizadas’ y comparten, por tanto, horas de clase y recreo con el resto de compañeros, lo que supone o debería de suponer un enriquecimiento mutuo. Son dos puntos y medio más que el promedio nacional. Solo cinco autonomías presentan porcentajes más elevados, en especial Galicia que llega al 92,4% de integración.

‘Todos somos iguales. Todos somos diferentes’, pero ¿en qué radica esa diferencia que les lleva a necesitar un apoyo? Según el informe ministerial, el 59,48% tiene necesidades catalogadas como específicas, bien sea por trastornos de lenguaje o de aprendizaje, retraso madurativo, desconocimiento de la lengua o como producto de una situación de desventaja socio-educativo.

El grupo más numeroso lo forman aquellos que tienen trastorno del aprendizaje, es decir dificultades añadidas en la lectura, en la escritura o el cálculo. 6.288 escolares cargan cada día con el peso de sus dislexias, disortografías o discalculias.

Junto a ellos se sientan otros 5.096 compañeros con trastornos en el lenguaje expresivo, ya sea por alteraciones del habla (dislalias, disfonías…) o por alteraciones a la hora de organizar el discurso narrativo. Otros 2.989 precisan apoyo escolar por vivir situaciones de desventaja social que les ha llevado a presentar un desfase escolar significativo.

Cierra ese epígrafe, los 1.668 que están obligados a seguir el ritmo de las clases sin contar con la herramienta básica: el idioma. O los 519 pequeños que presentan un retraso madurativo neurológico o psicológico.

A las necesidades educativas específicas, se añaden las especiales. Alumnos con discapacidad reconocida con trastornos generalizados de desarrollo y, sobre todo, con graves problemas de conducta o de personalidad. Todos ellos suman 9.370 (el 33,6% del total de escolares con alguna dificultad).

Precisamente los trastornos de conducta copan este grupo. Con 3.849 casos, representan el 41% de los alumnos inmersos en ese capítulo, entre los que destacan aquellos a los que se les ha diagnosticado hiperactividad y déficit de atención. Además, otros 918 tienen trastornos generalizados del desarrollo, y 700 plurideficiencias.

Las aulas ordinarias acogen a 2.439 escolares con discapacidad intelectural, seguido por los 959 con dificultades en el movimiento, los 361 con problemas auditivos o los 144 con limitaciones visuales. Por último a1.272 les falta un extra educativo para ponerse al día y sortear así su llegada tardía al sistema educativo.

638 superdotados

Ser superdotado no implica necesariamente tener un boletín académico inmaculado. Su cociente intelectual y sus altas capacidades, en ocasiones, les lleva al fracaso escolar. Por ello, requieren de una intervención académica para que ese ‘don’ no juegue en su contra. Según los datos del Ministerio de Educación, los equipos de orientación educativa adaptaron en Castilla y León el currículo en profundidad, lo ampliaron e incluso propiciaron el salto al siguiente curso a 638 alumnos de Primaria y de Secundaria.

Aunque son un 4,4% más que el año anterior, lo cierto es que Castilla y León ha descendido hasta el puesto número nueve en el ranking nacional. A diferencia de otras necesidades educativas, la enseñanza privada sí abre de par en par sus puertas a este tipo de alumnos. 258 alumnos con altas capacidades acuden a colegios de la red privada; a la pública, 380. La proporción es muy similar, pese a la notable diferencia en el volumen global de matriculados.

Esta reducción daría la razón a aquellos que, como Stecyl, apuntan a que los equipos de orientación educativa están «desbordados» en Castilla y León y reclaman una mayor ratio de profesionales que detecten necesidades e intervengan cuando se presenten, así como formación permanente al profesorado sobre la atención a la diversidad. No en vano, son los tutores los que, en muchas ocasiones, abren o cierran la puerta a que un alumno sea valorado.

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