La privatización de la Universidad en España (II)
La proliferación de universidades privadas, en muchos casos impulsada por administraciones autonómicas, se ha producido pese a la existencia de informes de calidad desfavorables. Este proceso se enmarca en una dinámica más amplia de mercantilización de la educación superior, que diversos analistas interpretan como parte de un giro hacia un modelo educativo más elitista, en el que el coste económico recae progresivamente sobre la ciudadanía.
¿Por qué las familias recurren más a préstamos para estudiar?
El fuerte crecimiento de la universidad privada en España ha venido acompañado de un aumento igualmente notable de los préstamos destinados a financiar estudios. En la actualidad, este tipo de crédito ha crecido un 60% y se ha convertido en la tercera causa más frecuente de endeudamiento, solo por detrás del consumo general y de las necesidades de liquidez.
Este fenómeno no responde a una única causa, sino a la convergencia de varios factores estructurales y económicos que están empujando a muchas familias a buscar financiación externa para garantizar el acceso a la educación superior de sus hijos.
Un sistema público con oferta estancada
Uno de los elementos clave es el estancamiento de la universidad pública presencial. En la última década, el número de plazas ofertadas se ha mantenido prácticamente invariable, pese a que el total de estudiantes universitarios ha aumentado un 21%.
Esta falta de crecimiento ha generado un auténtico “tapón” en el sistema público: actualmente se registran casi dos solicitudes por cada plaza disponible, con situaciones especialmente extremas en titulaciones de alta demanda, como Medicina, donde se han llegado a contabilizar hasta 40 aspirantes por plaza.
Notas de corte cada vez más elevadas
La combinación de alta demanda y oferta limitada ha provocado un incremento sostenido de las notas de corte. Como consecuencia, incluso estudiantes con expedientes muy altos —en ocasiones por encima de 13 sobre 14— quedan fuera de las universidades públicas en determinadas titulaciones.
Ante la imposibilidad de acceder a la plaza deseada, muchas familias se ven abocadas a la universidad privada como única alternativa real para cursar estudios concretos.
El alto coste de la universidad privada
El factor económico es determinante. Mientras que el gasto medio anual en una universidad pública ronda los 1.533 euros, en los centros privados asciende a unos 6.358 euros de media.
La diferencia se dispara en grados como Medicina u Odontología, donde las matrículas pueden situarse entre 15.000 y 30.000 euros por curso. Para muchas familias, estos importes resultan inasumibles sin recurrir a financiación bancaria, lo que explica el aumento de los préstamos para estudios.
El efecto del Plan Bolonia y la obligatoriedad de los másteres
La implantación del Espacio Europeo de Educación Superior —conocido como Plan Bolonia— ha reforzado la necesidad de cursar estudios de posgrado. En varias profesiones reguladas, como la abogacía o la docencia en Secundaria, la realización de un máster habilitante es obligatoria para poder ejercer.
Sin embargo, la oferta pública de estos másteres es limitada. Como resultado, aproximadamente la mitad del alumnado de posgrado ya se matricula en universidades privadas, donde los precios son sensiblemente más elevados.
Presión del mercado laboral y salarios contenidos
A ello se suma un contexto laboral percibido como altamente competitivo. Existe entre las familias la convicción de que ampliar la formación académica es una condición casi imprescindible para mejorar la empleabilidad y acceder a mejores salarios.
Paradójicamente, esta decisión se toma en un escenario de sueldos relativamente contenidos entre los jóvenes, lo que refuerza la idea del crédito educativo como una inversión necesaria —aunque no exenta de riesgos— para el futuro profesional.
La financiación integrada que ofrecen las privadas
Las propias universidades privadas han facilitado este proceso mediante la oferta de programas de financiación “llave en mano”. Es habitual que estos centros presenten la matrícula junto con acuerdos de crédito que pueden alcanzar los 25.000 euros para posgrados, a menudo con periodos de carencia inicial.
Esta accesibilidad al préstamo reduce la barrera de entrada inmediata, pero traslada el coste al medio y largo plazo para las familias y los propios estudiantes.
Conclusión
En conjunto, el aumento del endeudamiento para estudiar no puede entenderse sin el desajuste entre la demanda creciente de educación superior y la limitada capacidad del sistema público para absorberla. Este desequilibrio está derivando a un número cada vez mayor de estudiantes hacia un modelo privado significativamente más caro, en un contexto en el que los posgrados se han vuelto prácticamente imprescindibles para la inserción laboral.


