¡No a la guerra!

 La educación para la paz es un pilar irrenunciable de nuestro sistema educativo y entre sus principios pedagógicos se encuentran el compromiso con la «educación para la paz» y la «ciudadanía global»

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La escalada bélica a la que estamos asistiendo en todo Oriente medio iniciada por la ofensiva militar coordinada por Estados Unidos e Israel, y la consiguiente respuesta iraní, han puesto en marcha un proceso de consecuencias imprevisibles.

Ya pasó en Ucrania, después en Gaza y ahora en Irán. Todos estos conflictos tienen en común la quiebra del orden y el derecho internacional, límite que no deberíamos cruzar ya que supone un marco para garantizar la convivencia en paz de todas las naciones del mundo.

Detrás de los discursos oficiales de los países atacantes, que pretenden justificar la intervención, se esconden los intereses económicos y geopolíticos que son el verdadero motor de esta guerra: el control de los recursos energéticos, el negocio armamentístico y la reconfiguración geopolítica de la región.

La denuncia de la agresión exterior no implica, en modo alguno, una legitimación del régimen de la República Islámica de Irán. Sería un error silenciar que el pueblo iraní sufre una doble opresión: la de una guerra injusta desde el exterior y la de un régimen teocrático desde el interior. El gobierno iraní lleva décadas ignorando y machacando los derechos humanos más elementales. Pero, ninguna agresión exterior justifica estas violaciones, del mismo modo que la existencia de un régimen dictatorial no legitima una invasión militar. Nuestra denuncia es doble: contra la guerra y contra la tiranía.

Vamos más alla. Muchos analistas coinciden en que todos estos movimientos apuntalan un cambio en el orden global mundial. Se está sustituyendo el derecho internacional por la ley del más fuerte, sentando un peligroso precedente que podría acabar con con los actuales estados de derecho y libertades, tales como los conocemos en Europa.

Ante esta realidad, nuestra obligación como docentes no puede ser el silencio o la indiferencia. La educación para la paz es un pilar irrenunciable de nuestro sistema educativo y entre sus principios pedagógicos se encuentran el compromiso con la «educación para la paz» y la «ciudadanía global». Ello nos insta a:

  • Fomentar el pensamiento crítico:
    Analizar las causas de los conflictos y las injusticias, identificando los intereses económicos y geopolíticos que los sustentan, así como las violaciones de derechos cometidas por todas las partes implicadas.
  • Promover la competencia ciudadana:
    Ayudar a nuestro alumnado a comprender los principios democráticos y los derechos humanos universales como base para la convivencia, sin aceptar falsas dicotomías ni justificaciones interesadas.
  • Desarrollar la empatía y la conciencia global:
    Superar el etnocentrismo para entender que la guerra, la violencia y la crueldad no son realidades ajenas, y que la fortuna de asistir a un colegio en paz conlleva la responsabilidad de no mirar hacia otro lado.

El sector educativo tiene una doble función: la movilización cuando sea necesaria, y fundamentalmente, la de educar al alumnado que formará la sociedad del mañana. Mirar hacia otro lado como docentes implica renunciar a la posibilidad de un mundo futuro democrático y libre.

¡NO A LA GUERRA!

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